domingo, 3 de enero de 2016

.- runnaway (huir) .- # 11 y # 12

CAPITULO # 11.-*

23 de noviembre de 2004

Mi Bigfoot,
Estaba recordando nuestra primera pelea de hoy, o lo más cerca que jamás llegamos a una pelea real. Te pusiste toda loca porque te había prometido que iríamos a ese baile de primavera, me olvide completamente de él, sobre todo porque había comenzado mi primer trabajo y entre la escuela y el trabajo... Sí, sabía que me estaba dejando vencer. Pero apareciste en casa de mis padres llena de fuego y azufre, lista para despedazarme. Estaba debajo del auto y vi tus piernas. Saliendo de abajo, vi tu rostro, sabía que estabas enojada, así que rodé de regreso bajo el auto.
Esperaba que explotaras masivamente sobre mí, arremetieras contra mí mucho peor de lo que mi madre nunca hizo, sobre todo porque ni siquiera sabía qué había hecho para hacer que te molestaras.
¿Te acuerdas de lo que hiciste en cambio? Te sentaste a ahorcajadas sobre mis caderas, deslizando tus manos encima de mi pecho. Cuando tus dedos rozaron mi pezón, pensé que mi polla iba a estallar en mis pantalones de trabajo. Estuve a punto de sentarme y golpearme la cabeza con el auto, pero debió de haberme quedado una pizca de sentido común, así que me di la vuelta hacia fuera, con mis manos en tus caderas para mantenerte en tu lugar.
Todavía te veías enojada, pero podía ver el dolor por debajo. Me senté, puse mi mano sucia en tu mejilla y te pregunte —: ¿Qué he hecho, cariño?
Parpadeando rápidamente, de la forma en que haces cuando no quieres llorar, dijiste en ese tono arrogante que tienes cuando estás molesta—: El baile es esta noche. Supongo que no vamos a ir.
Debí haberme encogido. No tenía una buena excusa para olvidarlo y lucías tan bien, el vestido blanco y el cabello rizado. Y un gran rastro de grasa a través de tu vestido donde te había tocado.
No pude arreglarlo, sabía que no podía, pero me puse de pie y te pedí que esperaras un minuto. Encendí la radio, y no, no me acuerdo qué canción estaba sonando. Sí recuerdo que no tenía importancia. Me limpié las manos y me quité la camisa sucia y fui hacia ti, acercándote. —No podré recordar todo con el paso de los años, _____, pero siempre me acordaré de esto.
Aspiré el aroma de tu cabello y arrastré mis dedos por tu espalda. Nos moví de un lado a otro, sólo el sonido metálico de esa vieja radio barata y el latido de nuestros corazones.
Supongo que sólo quería decir que debería haberte dicho que no siempre sería perfecto, pero, nena... Siempre recordaré eso.
Te quiero.
T.

_____ se dio cuenta que todo el mundo estaba en contra de ella en una semana. Si una persona más se acercaba y le decía que Tom había crecido hasta ser un buen hombre joven, vomitaría.
Enferma del aluvión de gente de la ciudad, se dirigió a la ferretería.
No llegaron buenos recuerdos a su mente cuando pensaba en volver a la tienda. El señor Kaulitz manejaba la tienda tanto como ella podía recordar y nunca le había agradado. No era lo suficientemente buena para su hijo héroe del fútbol. Desde luego, no había tenido reparos en hacerlo saber, cuando ya estaba con el corazón roto —que pena que no tenía ninguna puya para hablar de nuevo con él en ese momento.
Corría el rumor de que su madre lo dejó en la escuela secundaria, pero los rumores en esta ciudad eran infundados y otros a menudos no, así que era difícil de adivinar si a él no le agradaba a causa de Tom o por los pecados de su madre. De cualquier manera, desde hacía años, incluso pasar por la maldita tienda era una experiencia traumática.
Ahora, ella no estaba luchando contra los nervios.
Ella estaba molesta.
—¡_____! ¡______!
Gimiendo en voz baja, ______ se detuvo y se volvió para ver a la madre de Manda, Nancy Watkin, corriendo por la acera. Llevando un plato de plástico cubierto.
—______, ¡te hice algo!
Sin aliento, la mujer mayor empujó el envase hacia ______ y luego se alisó el cabello blanco.
—Eso fue muy amable de su parte, señora Wa…
—Oh, ni palabra de eso, querida. Recuerdo que en el picnic del cuatro de julio hace tres años adorabas el pastel invertido de mamá, así que te lo prepararé rápidamente. Sabes, si no recuerdo mal, a Tom siempre le gustó también. Deberías invitarlo; ofrecerle un bocado para comer. Ese chico, que está viviendo solo, necesita un poco de buena comida casera, ¿no crees, querida?
______ tragó el gruñido que le subió a la garganta y se resistió a pisotear su pie como una niña. —Creo que parece que está comiendo bien.
—Él ha crecido hasta tener un buen cuerpo de hombre, ¿no? Por qué, justo el otro día estaba cortando el césped y tuve que preguntarle, si es que no pensaba que era una buena vecina o cuál era su problema.
—¿Eh? —_______ la miró, confundida.
—Tenía la camiseta puesta. Si me considerara una buena vecina, lo menos que podía hacer es cortar sin la camiseta para que pudiera ver esas armas suyas. Ese chico tiene el físico de un modelo de la portada de novela, ¿no? —La Sra. Watkin se abanicó y le guiñó un ojo con complicidad a ______.
—Uh... yo... —______ miró a su alrededor.
—Tienes que haberlo notado, querida. ¡Janice! —Agitando su brazo, alertó a una de sus amigas que iba empujando un cochecito con la nieta, hacía la incómoda conversación—. ¡Ven aquí!
—Sí, Nancy. —Janice Winters se unió a ellas en la acera. Su nieta masticaba un juguete de plástico y parpadeó hacia ellas.
—¿No es Tom simplemente un semental de hombre?
______ estaba bastante segura de que su rostro estaba de un tono de rojo que pondría a un camión de bomberos de la vergüenza.
—Oh, lo es, ¿no? Ese niño creció muy bien. Quiero decir, era guapo cuando jugaba al fútbol, ¿pero ahora? Hace que el hombre de la mantequilla luzca en mal estado. —Janice estuvo de acuerdo.
—¿El hombre de la mantequilla? —______ preguntó, no muy segura de querer saber.
—¿Sabes? ¿El del cabello suelto?
—¿Fabio? —preguntó ______.
La señora Watkin chasqueó los dedos. —Ese mismo, querida. Ves, puedes reconocer un hombre de aspecto agradable en cuanto lo ves.
A punto de tener un ataque, ______ deseó que Carnie no estuviera en el trabajo. Podría venirle bien un respaldo. No iba a llegar a la ferretería a este ritmo.
—¿Alguien recuerda que me abandonó en el altar?
—Sí, querida, por supuesto que lo tenemos en cuenta. Era sólo un niño. Es un hombre ahora y está de vuelta, y una chica inteligente fijaría el anzuelo y atraparía a su hombre. —Con un codazo en el brazo, las dos mujeres finalmente abandonaron, agitándose mientras se iban.
Dejando ______ resentida y con el pastel en los brazos.  
Después de tomarse un momento para recobrar la compostura, giró sobre sus talones y siguió adelante.
La campana sonó al entrar por la puerta que había evitado durante tanto tiempo. El olor de los cigarrillos y de metal asaltó sus fosas nasales, las motas de polvo bailaban en la atravesada luz en las ventanas delanteras. La tienda se dividía en tres secciones, la del centro que llevaba al mostrador detrás de donde descansaba Tom, hablando en un tono animado con un anciano en camisa a cuadros. Caminando por el suelo de madera pulida, ______ dejó caer en seco el pastel delante de Tom con una mirada glacial.
El anciano dejó de hablar para mirar el pastel. —Señorita, él no va a canjear el pastel por herramientas. Aceptan efectivo y crédito aquí. Por lo menos lo hacían la última vez que oí, ¿cierto, Tom?
—Sí, Earl. No intercambiamos pastel por herramientas. ¿En qué puedo servirle hoy, ______?
Su sonrisa era fácil cuando deslizó su mirada sobre ella. Sólo la hizo enojarse más.
—¿Sabes de qué es este pastel, Tom Kaulitz?
—No estoy seguro. Earl, ¿sabes lo que es este pastel?
Earl se rascó la barbilla. —Huele como a piña. Si no supiera mejor diría que es el pastel invertido de Watkins.
—No, no es pastel invertido. Esta es el pastel de seducción. Toda la ciudad está tratando de emparejarnos. Y este pastel es un pastel de seducción. —Ella señaló con el dedo a la tapa del contendor mientras hablaba. Tom alzó las cejas.
—Nunca oído hablar de un pastel de seducción —dijo Earl.
—Yo tampoco. ¿Qué ingredientes se supone que tiene? —Tom intentó abrir la tapa y ______ chasqueó los dedos.
—Esto no es divertido.
Sus labios se curvaron. —Me resulta bastante divertido. Entonces, ¿la razón de que estés aquí es para decirme que haga que la gente deje de darte pasteles?
—No es un pastel. Es un Pastel de Seducción.
—Earl, ¿te importaría si Manda te ayuda mientras hablo con _____ aquí?
—No hay problema, Kaulitz. Uh, antes de irte, sin embargo, ¿podría obtener una rebanada de ese pastel para llevar a casa, para mi señora?
Riendo, Tom enganchó el pastel y el brazo de ______, y tiró de ella fuera de la tienda.

CAPITULO # 12.-*

9 de Julio de 2005

_______,
Volví.
Si, nada más que decir aparte de eso.
Iba a decir hola. De hecho, tenía todo un tonto discurso preparado. Estuve con papá en la ferretería. Te vi en la calle. Me apresure hacia ti y… fue como si hubieses sabido que estaba allí. Lanzaste una mirada disgustada hacia la tienda y giraste para alejarte.
Me siento como un maldito idiota al estar escribiendo. Debías saber que estaba en el pueblo, en este pueblo, ¿Quién no se entera cuando alguien se lanza un pedo? Y esa mirada en tu rostro… dejare de molestarte.
Si puedo, supongo que dejare de amarte. Si creo que eso te hará feliz.
Pero eres mi mejor amiga. No puedo pensar que eso realmente ocurrirá. Incluso si miento y digo que lo intentaré.
Pero, ¿las cartas? Sí. Esta será la última.
T.

—Carnie me dijo lo que has estado haciendo. —Su tono fue chillón, sus ojos ardientes, y ella agarró el pastel y lo aferró a su pecho como algún tipo de armadura de plástico.
—¿Y qué he hecho, Bigfoot? —El uso de su apodo encendió sus mejillas y parpadeó hacia él, casi paralizada. Hoy su suave cabello estaba un poco ondulado, como las plumas de un ave irritada. Esto le hizo querer pasar sus dedos por allí. No había sentido esos labios maduros desde hacía una semana…
—Arreglaste el porche de la señora Watkin. Fuiste donde los Jenkins y trabajaste en sus tuberías. Hiciste una rampa para silla de ruedas para los Demshars. Has conseguido en los últimos días ayudar a todas las matronas chismosas del pueblo de una u otra manera. —Sosteniendo el pastel con una mano, empujó con un dedo de la otra mano sobre su pecho.
Guiándola cuidadosamente hacia un lugar más privado mientras ella despotricaba, la dejó terminar y luego estuvo de acuerdo con ella.
—Bueno, alguien debía hacerlo. Soy físicamente capaz. Necesitaban ciertas cosas. No veo porque eso causa que vengas arrollando a mi tienda, con fuego en tus ojos.
En realidad sabía exactamente, porque eso la enojaba y lo encontraba muy gracioso. ¿Ella quería jugar al ajedrez usando al pueblo como peones? Bien. Bill le señaló que la mejor forma de tener un romance en un pueblo pequeño era conquistar una dama a la vez. El poder recaía en las manos de las mujeres. Y él lo usaría contra ella. Debería sentirse mal. Pero mientras continuaba dirigiéndola hacia el parque en el centro del pueblo, se dio cuenta que no estaba agobiado por la culpa.
—Y ahora me están dando pasteles. Pasteles. Esto sólo va a empeorar. No estoy segura de como metiste en este complot a todo un pueblo con el que vivo a diario y con el que seguiré viviendo cuando te vayas…
—Ahora, sólo un maldito minuto. —Entraron en la glorieta y él se recostó contra una columna, enfrentándola mientras ella dejaba caer el pastel en una silla—. ¿Quién te dijo que me iba?
Su suspiro entrecortado y el revoloteo de sus manos hablaban de su frustración. —No tenías que decirlo. Lo sé. Te fuiste una vez. Lo harás de nuevo. Todo el mundo lo hace finalmente. Entiendo eso pero…
—No voy a ninguna parte, _____. Te lo dije. —Su pose relajada era deliberada. Trataba de esconder el hecho de que estar tan cerca de ella le hacía sentir como un adolescente, con las palmas sudadas y los irregulares latidos del corazón. Siempre lo ponía así. Siempre.
—No, no lo hiciste. Pero incluso si no lo hiciste…
Ya era suficiente. Entrando en su espacio personal, la apoyó contra un pilar. —Exactamente, ¿cuantas cartas has leído?
—Las cartas de nuevo. ¿En serio? —Otro suspiro y sus manos se levantaron entre ellos, posándose tímidamente sobre su pecho.
—¿Puedes retroceder? Estas arrinconándome.
—No, no voy a retroceder. Te di una década de espacio. Te escribí. Tal vez estuve medio aterrado de tu respuesta, despreciable, pero nunca dejé de escribirte. Incluso cuando te dije que dejaría de hacerlo, seguí escribiéndote.
—¡ Mentira! —Ahora sus manos si estaban plantadas en su pecho. ¡Golpe! Las lágrimas brillaban en sus ojos.
El sacudió su cabeza. —Las cartas es por lo qué, estoy enojado.
—¿Estás enojado? ¿Tú estás enojado? —Ella prácticamente gritó las palabras. Puntualizándolas con más golpes en su pecho.
—Sí. Estoy enojado.
Pero eso no detenía sus deseos de probarla.
Introduciendo sus dedos en su cabello, ladeó su cabeza y bajó por un beso. Deslizando sus labios sobre los de ella, tomó lo que había estado anhelando. Tal vez estaba siendo muy rudo, tal vez sus dedos temblaron cuando sujetó su rostro, pero eso era porque le importaba.
Ella le importaba.
Y le respondió. Tal vez eso había sido el detonador, la ira cambiando a necesidad, pero ella llevó su lengua a enredarse con la suya.
Eso sólo hizo que la deseara más.
Ahuecando su trasero, la ayudó a que se subiera, para que apretara sus piernas alrededor de sus caderas y se moviera contra su polla. Parecía que había andado con una erección desde que había vuelto a casa. Todo debido a ella.
Sólo ella lo hacía sentir así.
Lleno de nervios desbocados e incesantes hormonas.
Presionándola contra la columna, se perdió por un momento en el sentimiento de rendirse.
Pero no se estaba rindiendo. No realmente.
Seguía sin leer las malditas cartas.
Alejándose por aire, pareció que por un momento realmente se estaba ahogando en ella, mientras respiraba con un fuerte jadeo. —Sí, _____. Eso me enoja.
La dejó descender hasta quedar de pie. Sus labios estaban rojos pero la besó y sus dedos subieron para tocarlos. —Tom…
Se resistió a tomarla en brazos, llevarla a casa con él, y terminar lo que había iniciado.
—Cuando estés lista para escucharme, para realmente escucharme, ven a hablar conmigo. Estaré aquí. Siempre he estado aquí, ______.

Porque tanto si ella lo creyera o no, había estado allí.


HOLA!!! BUENO LOS PRIMEROS CAPITULOS DEL AÑO ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO. FELIZ AÑO Y ESPERO QUE TODOS SUS DESEOS Y SUEÑOS SE HAGAN REALIDAD Y ESPERO SEGUIR CON USTEDES CON MAS NOVELAS ... HASTA PRONTO Y BIENVENIDAS DE NUEVO :)

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