lunes, 28 de diciembre de 2015

.- runaway (huir) .- # 9 y # 10

CAPITULO # 9.-*
03 de abril de 2007

________,
Las lluvias de abril traen las flores de mayo, pero ¿qué traen las flores de mayo?
¿Te acuerdas de cuando eras una niña y repetías eso una y otra vez y me volvías loco?  Yo sí.
Un tipo me invitó a salir a un club con él. Hubo baile y música... no el tipo de música que escuchábamos. Agobiante, con excesiva percusión y la gente estaba apretujándose y casi teniendo sexo justo en la pista de baile.
Esto me recordó del año que viste Dirty Dancing y tuviste mucho interés en bailar así.
Tengo que decir que yo sólo accedí a fingir ser tu pareja porque quería que te apretaras contra mí. Realmente me excitaba tenerte montando mi pierna.
Pero esta es la realidad. ¿Todas esas mujeres, medio desnudas y oliendo a sexo fácil, en el club? Ninguna de ellas era ni la mitad de sexy como cuando te tuve entre mis brazos en los bailes de la escuela, toda cautelosa y correcta, mirándome como si fuera increíble.
Me hiciste sentir como que podría ser mejor.
Echo de menos eso.
¿Hay algo que extrañes de mí?
Aún no has respondido a una sola carta, así que no sé por qué espero que cada una sea la que... la que te haga finalmente decir algo.
Tal vez sea ésta.
Si es así, te amo.
T.

Unas diminutas luces iluminaban el interior del puente cubierto, con sus reflejos brillando sobre el agua del arroyo debajo. El puente del Golfo Smolen, el puente cubierto más largo en los Estados Unidos, colgaba alto por encima del golfo de Ashtabula, un lugar rocoso como un acantilado, rodeado por todos lados por frondosos bosques y campos. El sonido de las ranas y las criaturas de la noche se oían por encima de los sonidos de los turistas comentando y la banda preparándose. Para la primera noche del festival, el puente había sido puesto fuera de servicio y serviría como escenario para bailar, la música y demás.
Encantada con su asignación a este puente, _____ masticaba una piruleta de jarabe de arce y disfrutaba de la brisa fresca de la tarde en su piel.
Su teléfono móvil sonó y ella tocó la pantalla para contestar. —¡Carnie, ¿cómo estás?!
—¡Maldito puente más corto, es de tontos! Esto no es un puente, ______. Esto es una broma.
—Es el puente más corto, Carn. Sólo abarca seis metros. Me ofrecí a cambiar contigo de puentes...
—¡Esto no es un puente, maldita sea! Es demasiado pequeño para ser considerado un puente. Es más como un umbral. Me pregunto si podríamos conseguir superar un doble récord con esto... el puente cubierto más corto del mundo más el umbral más largo.
—¿Hay alguien allí?
La ráfaga del suspiro de Carnie sonó como estática en la línea. —Sí. Miles de personas. Y hay pastel de queso. Supongo que es algo lindo... de una manera decepcionante.
—La longitud no lo es todo, Carnie.
—Pfft. Eso es algo que los hombres con penes pequeños dicen para tratar de convencernos de les dejemos bajar nuestras bragas. Disfruta de tu puente largo. Yo te alcanzo después.
—Me parece bien —Colgando, _____ se inclinó sobre el borde del puente, relajándose por lo que pareció la primera vez en mucho tiempo mientras las primeras notas vibrantes de la banda ondulaban en la noche.
Parecía que se la pasaba siempre tensa por Tom ahora. Lo que realmente necesitaba era dejarlo todo ir por una noche. Relajarse. No pensar en…
—Hermosa noche, ¿no?
Su voz se deslizó sobre su piel, levantando la piel de gallina y poniendo su cuerpo en alerta máxima. La electricidad crujió a través de su piel como el calor de un rayo en una calurosa noche de julio a través de un cielo despejado.
—Tom —Asintió, con la esperanza de ocultar su reacción.
Apoyándose en el puente junto a ella, su brazo rozó el suyo, activando sus sentidos y haciéndola inmediatamente sintonizar con él. Nadie nunca la afectó como Tom Kaulitz.
—¿Has disfrutado del festival hasta el momento?
Era una pregunta tan cómoda, sin tensión, que su aliento salió apresurado. Se encontró casi decepcionada de que él no estuviera continuando su asalto perpetuo a su impulso sexual.
—En realidad, sí.
—Recuerdo estos, de antes cuando tú estabas en la banda. ¿Recuerdas el desfile? Odiabas ese desfile —Una sonrisa familiar encendió su rostro, iluminada por las pequeñas luces blancas brillantes colgando del puente.
—Por supuesto que lo odiaba. Estábamos a cerca de mil grados y el uniforme de la banda era de camisa manga larga, pantalón largo y cien por cien poliéster. Nos podrían también envuelto en plástico e introducido en un horno de microondas.
—Sí. Recuerdo. Sudabas como un cerdo.
Resoplando, ella le devolvió la sonrisa. —Gracias. Sé que estabas caliente.
—Literalmente.
Reírse con él se sentía extrañamente cómodo. Y entonces la canción cambió.
Para la segunda nota, su cabeza se volvió hacia la improvisada pista de baile. —Amazed —susurró ella.
—Están tocando nuestra canción. ¿Quieres bailar, Bigfoot4? ¿Estrictamente como colegas, mostrar un frente unido y todo ese asunto?
4 Bigfoot: Pies Grandes
No pudo ocultar su sonrisa ante el viejo apodo de la infancia, algo que él le había apodado cuando todavía estaba en la escuela primaria. Tiempo atrás, cuando ella había usado la misma talla de zapatos que él, antes de que la pubertad lo convirtiera en un hombre y a ella una mujer...
¿Que podría perjudicar un baile? Con un encogimiento de hombros, ella tomó su mano y él la guió a la masa de cuerpos en movimiento. Fácilmente, como si la abrazara todos los días, la tomó en sus brazos.
La tentación de fundirse en él casi la abrumó.
Su aroma la envolvió, la mezcla familiar de olores que identificaban a Tom. La canción que una vez había significado tanto para ella vibraba contra su piel, ocultando el hecho de que estaba sin aliento con la combinación de viejas emociones y otras nuevas.
¿Podría estar enamorándose de él de nuevo?
Inclinándose cerca, sintió su respiración agitar su cabello. Su susurro la sedujo. —Nena, me rodeas, tocas cada lugar en mi corazón. Y se siente como la primera vez, cada vez. Quiero pasar toda la noche en tus brazos.
—Ojos.
—¿En? —Sus labios rozaron su mejilla mientras se movía. Ella suspiró mientras un escalofrío de deseo se disparaba por su columna vertebral.
—No son brazos, son ojos. La canción dice ojos.
—Aquí estoy, enamorándote en una cálida noche de verano y ¿estás corrigiendo mi forma de cantar?
Atragantándose con su risa, ella se volvió para mirar sus ojos, pero su rostro estaba cerca, demasiado cerca.
El tiempo parecía haberse detenido. Por un momento, estuvo segura de que él estaba a punto de besarla. Congelada, esperó, los labios a un suspiro de distancia de los suyos, las miradas fijas. Entonces simplemente él escondió su rostro en su hombro. —______, estoy impresionado por ti.
Tratando de recuperar el aliento, vaciló entre estar realmente feliz de que no la hubiera besado delante de todo el mundo...
Y realmente decepcionada.

CAPITULO # 10.- *
23 de noviembre de 2008

_______,
Sólo quería dejarte una línea rápida para decir...
Aún me estás ignorando.
Realmente me molesta.
Deja de ser una perra.
Un día, te regañaré por esto.
T.

Había pasado de ser capaz de evitarlo fuera de las entrevistas a no ser capaz de dar dos pasos sin toparse con Tom. En la tienda de comestibles, cogió dos litros de leche. Mientras echaba un vistazo a la fecha de caducidad, lo olió.
Se volvió y casi golpeó su cabeza con la de él. —¿Realmente miras las fechas en la leche? Yo, vivo peligrosamente.
Se acercó a ella y cogió otra botella, su brazo rozó el de ella revolviendo sus nervios. Su pulso se aceleró. Estar tan cerca de él le recordaba cómo la había empujado contra el Chevy y despertó la necesidad de repetir la experiencia.
Parpadeó. Él todavía hablaba. —¿Qué?
—Dije que vivo peligrosamente. Agarro una botella leche y espero beberla antes de que se dañe. Deberías probarlo. Los riesgos son muy divertidos —Le guiñó un ojo y se alejó.
Le sorprendía que el plástico en su mano no se fundiera por el calor corporal que irradiaba.
En la biblioteca al día siguiente, donde leía a los niños una vez a la semana durante la hora del cuento, apareció detrás de ella mientras se dirigía al baño. —¿La Oruga Fuzzy?
Ella parpadeó, si entender lo que decía, sus funciones cerebrales superiores se revolvía a la vista de él.
Señaló el libro aferrado entre sus dedos de repente entumecidos. —¿Material de lectura pesada? —Su sonrisa era contagiosa y ella sintió su propia boca elevarse en una sonrisa de respuesta.
—No, leo para los niños.
—Muy saludable —Se acercó a ella—. ¿Saben lo traviesa que eres? Yo sí lo sé. No puedo dejar de recordar nuestros momentos juntos.
Su rostro ardió. Mirando a su alrededor, preocupada de que alguien lo hubiera escuchado, se dio cuenta de que estaban solos. —No puedes decirme cosas como esas. No tienes derecho. Te lo dije, ahora que el evento del puente ha terminado, no hay nada de lo que debamos hablar y no hay necesidad de que interactuemos.
—Planeaba casarme contigo una vez. Tengo todo el derecho. Te dije en las cartas que nunca dejé de pensar en eso y en ti.
Y eso era otra cosa, cada vez que podía, se refería a las cartas. Las míticas malditas cartas...
Si él le hubiera escrito alguna, no habría estado tan enojada, pero no obtuvo una sola palabra de él en los últimos años.
Había un montón de cosas que podía perdonar. Mentir no estaba en la lista.
Pero él no la había besado. No en nueve días. No es que llevara la cuenta ni nada.
Tenía que parar.
Abriendo su teléfono, llamó a Carnie desde el cuarto de baño de la biblioteca. —Necesito refuerzos.
—¿Refuerzos? —preguntó Carnie.
—Sí, voy a necesitar ayuda. Rápido.

Si una viejita más al azar le pegaba con su bastón, tendría que esconderse en casa de su padre hasta que la nieve cayera.
Tom se encontraba en el infierno.
Cuando eran niños, toda la ciudad parecía decidida a juntarlos a él y a _____. Los emparejaron para las carreras de dos piernas cuando la comunidad acogía ferias callejeras. En la escuela, sus maestros los asignaban como compañeros de laboratorio. Sus nombres iban juntos con tanta facilidad como la mantequilla de maní y jalea.
Tan ferozmente como el equipo local una vez los juntó, resultó igualmente decidido a separarlos.
Sentado en la barra, ahogando sus penas en una Bud Light, trataba de ver el partido de fútbol. No le importaba el maldito juego.
Miró a las luces centelleantes que iluminaban la puerta. Bajo uno de los signos de cerveza de neón, el tiempo demostró que su amigo estaba retrasado.
La puerta se abrió y Tom lanzó un suspiro de alivio cuando vio una figura familiar entrar y agitar la lluvia de su chaqueta. —Bill.
Deslizando una cerveza sobre la mesa para su mejor amigo, frotó la herida reciente en su sien. La señora Van Devender —accidentalmente— dejó caer una maceta en su cabeza al principio del día. Si no supiera bien, diría que trataba de matarlo.
—Tom. —Su mejor amigo se sentó en el asiento frente a él y aceptó la cerveza—. Por lo tanto, la mierda se salió de control.
—Sí, por eso te he llamado.
—Nadie en la ciudad está muy contento contigo ahora mismo.
Él asintió y tomó un trago de su propia cerveza. —Ya me di cuenta. ¿Qué diablos está pasando?
—Este es el problema... cuando te fuiste, tu padre fue una especie de idiota con ______. Todo el mundo lo supo. Ella es una chica lugareña y no tomó represalias contra él. Esto demostró a todos que respeta a sus mayores, lo que significa mucho para la vieja guardia. De todos modos, los años pasan, se hizo cargo de su madre loca y de su abuela hasta que murió. Hace servicios a la comunidad y de todo, y tú vas por ahí haciendo lo que fuera que estuvieras haciendo…
—Bill, ella no quiere hablar conmigo de nada que no esté dentro del ámbito de los negocios, se niega, y sabes lo he intentado y…
Su mejor amigo le hizo un gesto con un meneo de su cerveza. —No importa, idiota. La cagaste y ella jugó a la santa. Ahora has vuelto. Envió una señal de socorro a su amiguita Carnie. Básicamente, estás en la lista negra como el idiota que la dejó y se ha mencionado, no muy sutilmente, que la presionaste y mentiste, para empezar.
—¿Mentirle? ¿Qué demo…?—Una vez más, Bill le interrumpió, su redondo rostro serio.
—Las cartas, hombre. Todavía no cree que le escribieras las cartas. ¿Por alguna casualidad, guardas copias de ellas? Quiero decir, eso aclararía las cosas a la ciudad.
—¿Copias?
—No lo creo. Todavía no puedo creer que le hayas escrito todos esos años. Eso fue un poco femenino, hombre.
—Cállate, imbécil. Si quiero saber tu opinión, te la pediré.
Bill sonrió. —No soy a quien van golpeado las mujeres ancianas.
—Vete a la mierda.
Chocaron cervezas y bebieron un momento en amigable silencio.
—Entonces, ¿cómo combato el ataque de los simpáticos ciudadanos?
Bill lo consideró o miraba el partido. Tom no estaba seguro de qué.
Después de unos minutos, su rostro redondo estalló en una sonrisa. —Véncela con su propio juego.
—Dime que tienes un plan.
—Tengo un plan.
—Dime que no implica cinta adhesiva o un pato.
Bill se atragantó con su cerveza. —Nunca vas a dejarme olvidar eso, ¿verdad?
Tom sonrió. —Mierda, no.
—La mayor parte de la ciudad olvidó que Carnie y yo solíamos salir —Bill se pasó una mano por su cabello negro—. Casi me había olvidado de la historia del pato .
—Nunca voy a olvidar esa historia —Sonriendo, Tom sorbió su cerveza.
—El hecho de que tu vida amorosa está en desgracia en estos momentos, no significa que tiene que traer a colación mis errores de antaño —Bill miró el juego.
—¿Recuerdas incluso cómo terminaba esa broma? —preguntó Tom.
—Claro que sí. Un anciano moribundo les dice a sus dos hijos que tomen un dólar cada uno, vayan a la ciudad y al que regrese con lo mejor que puedan para la granja familiar. Uno de los hijos hace unos cinco intercambios; manzanas por un pollo, pollo por una cabra, termina con una vaca. El otro hijo se compra un pato. Pasa por un burdel y una de las mujeres le ofrece una follar por su pato. Él acepta y fue tan buena, que ella quiere que hacerlo de nuevo. Él está de acuerdo, pero sólo si ella le devuelve su pato. Poco tiempo después, va de camino con su pato de vuelta a casa y un auto lo golpea, matando a su pato. Un tipo rico baja del coche, y le dice: Por favor, no me demandes. Te daré diez mil dólares. Así, el chico se va a casa y le dice a su padre: Obtuve un pato por un dólar, follé por un pato, un pato por follar y luego diez mil dólares por un pato destrozado.
Tom se rió, tomó un sorbo de cerveza y estudió a Bill. —Y esa historia te inspiró a darle a Carnie un pato, ¿cómo?
—No sé. A las chicas les gustan los patos, amigo.
—Pero pegaste con cinta adhesiva su pico —Sin dejar de reír, Tom levantó dos dedos y la camarera llegó con más cerveza.
Bill se encogió de hombros. —Parecía una buena idea en ese momento. El maldito estaba tratando de morderme.
—Idiota.
—Tienes suerte de que me gustes, imbécil —Bill sonrió.
—Sí, tengo suerte. Voy a comprar la cerveza. Explica. Dime tu plan sin patos.
—No te va a gustar. Vas a mostrarles a las viejas beatas en esta ciudad que te preocupas por el pueblo... y que estás dispuesto a volver a él.
—Sigue hablando.

—Entonces, ¿tu idea es hacerme sudar mis frustraciones? —Balancear un martillo no era realmente la idea de Tom de pasar un buen rato. El sol brillaba en el acre de césped verde, salpicado de coloridas plantas y rodeando el porche de la casa de siglo, que contrastaba con todo el material de construcción instalado en el camino de entrada.
—El servicio comunitario es bueno para el alma. Ya has oído que Jim Demshar está en una silla de ruedas ahora. Bueno, Joanne necesita una rampa y pondremos una para ella. —La sonrisa de Bill mientras sacaba los tablones de la parte trasera de la camioneta, haciendo que Tom le diera un saludo con el pulgar.
—Fantástico para el alma, un infierno en la espalda.
Juntos, no tardarían mucho en terminar la rampa. Trabajar codo a codo trajo recuerdos de días pasados, construyendo casas en los árboles y rampas para sus bicicletas. Pronto estaban diciendo tonterías, casi disfrutando del trabajo.
—¿Por qué ella? —preguntó Bill.
—Bill, sabes por qué ella. ¿De verdad vamos a hacerlo otra vez?
Bill se encogió de hombros. —_____ es una gran chica, pero... en realidad, no está interesada. Ella siguió con su vida.
—Mentira. Si lo hizo, que así sea. Pero hay algo ahí.
—Entonces, ¿por qué la dejaste?
Mirando a su amigo, agarró la otra tabla y la puso en su lugar. —Estaba muerto de miedo, hombre. Estabas allí. No era más que un niño, y ¿cómo podría cuidar de ella? Se merecía algo mejor de lo que yo podía darle. Así que hui. Y funcionó. Pero nunca la dejé ir. En realidad no.
Bill se encogió de hombros y le pasó una nueva de caja de clavos. —Prepara los violines.
Resoplando, Tom agarró unos clavos. —Era mi mejor amiga, hombre. Lo sabes. Estuviste genial y todo, pero no era como si fuera entre yo y Bigfoot. Ella me conoce, me posee. Actúa como si tuviera todo bajo control, como cuando éramos niños, pero... alguien tiene que cuidar de ella. Yo, bueno, quiero una oportunidad para eso, supongo.
—Eso suena muy cursi.
—Cursi... bueno, a la mierda. Soy cursi, entonces. Bill, nunca ha habido otra mujer como ella. Me hace querer ser un hombre mejor. Siempre lo hizo, incluso cuando era un niño estúpido y demasiado asustado para intentarlo. No soy un niño.
He viajado, pero no importa a donde fuera, la llevaba conmigo. Le escribí. Nunca tuve las pelotas para llamarla, pero le escribí. Nunca la olvidé. Si esta oportunidad falla y realmente no me quiere, bien. Pero no voy a ninguna parte. No voy a huir de nuevo.
—No puedo creer que todavía la llames Bigfoot. —Bill sonrió—. Yo no te daría ni la hora, tampoco, si esa es tu idea de una charla sexy.
—Recuerda sus largos dedos del pie. La llamé Bigfoot. Yo tenía esas desgarbadas piernas de viejo, porque era un poco flaco de niño. Ella me llamó rodillas huesudas. Tonto, pero soy yo diciendo que lo recuerdo, la verdad.
—Sí, se pone más cursi que eso. ¿Por qué crees que ella nunca te escribió?
—¿Terquedad? No sé. Quiero decir, esa parte. Voy a ser honesto. Eso me hace enojar. Actúa como si fuera la única persona perjudicada aquí, pero... sí, metí la pata. Sí, me alejé y nos impedí cometer un gran error al casarnos demasiado jóvenes. Y todavía creo que habría sido un error. Me habría odiado en un año. Estaba demasiado confundido para haber sido un marido decente para ella. Pero ella metió la pata también. Podría haberme contestado. ¿Ignorarme durante años? Fue más que un poco perra. Tom martilló más fuerte. —¿Cuántos hombres escriben a una mujer alguna una carta de amor en sus vidas? Le he escrito durante años. Eso tiene que significar algo.
Bill se echó a reír. —Significa que eres un hijo de puta romántico.
Tom miró a su amigo y luego vio un rostro a través de la ventana abierta de la casa.
Un momento después, la señora Demshar salió con una jarra de té. —Chicos, vengan aquí y tomen un pequeño descanso. Ese sol parece caliente y una bebida agradable y un poco de descanso debería refrescarlos.
Obedeciendo, Tom subió por la rampa a medio terminar y aceptó una copa helada de la anciana. —Gracias, Sra. Demshar.
—¿Tom?
—¿Sí, señora Demshar?
—No renuncies a esa chica.
La señora Demshar cojeó de vuelta a su casa, y Tom le lanzó una mirada con la boca abierta a Bill.
Bill simplemente sonrió.
—¿Eso fue parte del plan?
Bill se encogió de hombros. —Imaginaba que el hecho de que no dejarás de hablar de ella puede ser útil, sí.


HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS DOS CAPS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS Y GRACIAS POR LEER :))

sábado, 26 de diciembre de 2015

.- runaway (huir).- # 7 y # 8

CAPITULO # 7.-*
14 de febrero de 2009
______,
Se siente como que si te hubiera extrañado siempre ahora.
Feliz Día de San Valentín, cariño.
T.

Ajustándose de la falda por cuarta vez, _____ se tambaleó un momento sobre los incómodos tacones antes de estabilizarse y dejó escapar un suspiro. Esto no es una gran cosa. Puedo con esta reunión. Probablemente él no estará allí.
Hablar sola es un signo que te estás volviendo loca. ¿Estás loca por mí, _____? Su voz la hizo girar sobre sus talones para enfrentarse a él.
Miró a Tom. ¿Por qué estás aquí?
Bueno... abrió la puerta frente a ella, deslizando una mano en su cintura para guiarla hacia la sala de conferencias... —Ahora soy un importante miembro de la Cámara de Comercio. Eso me convierte en parte del comité de planificación del festival del puente cubierto.
Tendría que trabajar con él si trabajaba en el comité. No podía. Necesitaba detenerle No tienes por qué estar. No estáis obligados a formar parte del Comité. Ambos lo sabemos. Podrías optar o…
Tom. Una alegre voz los interrumpió y _____ se volvió hacia el juez Hannigan. Desde hace mucho tiempo el jefe de la comisión de fiestas del puente cubierto, el juez también fue novio de su madre en la escuela secundaria.
Buenos días, Bob. ¿Recibiste mi correo electrónico?
Tom no solamente llamaba por su primer nombre al juez, ¿también le enviaba correo electrónico?
Eso no podía ser bueno.
Lo hice. Por eso te pedí que vinieras hoy. Necesitamos a alguien que escriba para el periódico una serie de entrevistas. Entre Tom y yo, hemos avanzado bastante con la lista. No sólo va a ser publicado en nuestro periódico local, sino que va a ser simultáneo y tu jefe estaba muy emocionado cuando le preguntamos por esta historia. Sabor local, atraerá turismo a la zona... En definitiva, creemos que va a hacer maravillas para el área empresarial y atraerá a un mayor número de personas que en años anteriores.
Irritaba, un poco, saber que Tom había influenciado para ser escogida, pero era efecto era muy bueno.
El periódico local pagaba bien pero un artículo simultáneo conseguiría posicionar su nombre. En realidad no era una oferta de la que poder pasar. Contuvo la respuesta que quería dar y en su lugar dijo entre dientes: Sería un honor hacer la entrevista, Juez.
Pensé que te sentirías así. Tom, esta reunión es sobre todo de cosas que hemos discutido ya. ¿Por qué no llevas a _____ aquí a tomar una taza de café, y la introduces en qué hará para nosotros? Estoy seguro de que entre ambos, conseguiréis esto que pueda quitar esto de la lista de comprobación.
En ello estoy, Bob.
Tom no tienes por qué…
El juez cerró la puerta en su cara. Despedidos. Atrapada junto a Tom.
En realidad, Tom quiere hacerlo. Voy a estar junto a ti en las entrevistas. Bob y yo pensamos que iría bien y…
¿Es esto una conspiración para hacerme hablar contigo? Ella pensó que era hora de llamar a las cosas por su nombre.
Síp. Autorizado por tu jefe y el ayuntamiento. Parecía satisfecho de sí mismo.
Eso es jodidamente solapado, Tom.
Sonrió. Lo sé. Todo vale en el amor y la guerra.
¿Qué estamos planeando?
Su sonrisa sólo parecía crecer. Cualquiera que implique gritar mi nombre, querida.
Se preguntó si se acordaba de que hablar en ese lento, arrastrar de palabras interminable era como agitar una bandera verde en sus partes femeninas... todos sus sistemas listos.
Empujando su pecho con un dedo, lo miró a los ojos tentadores, negándose a reconocer la forma en que su voz ronca le hacía un nudo en el estómago en necesidad. Esto no va a funcionar.
Ya veremos. La atrapó contra su cuerpo y mantuvo apretada entre sus brazos incluso cuando ella se movía tratando a medias de liberarse, él sonrió. Siempre parece que funciona malditamente bien para mí.
Con eso, posó su boca sobre la de ella y esta se perdió en el sabor de él.
Cuando la soltó, jadeó, una mano todavía ahuecando su rostro, y trató de recordar qué habían estado hablando.
Cuando finalmente lo hizo, ella le golpeó el pecho, sin perturbar en lo más mínimo su sonrisa de suficiencia.
Sólo negocios, no diversión en negocios.
Voy a seguir con ya veremos. Y se alejó de su siseo. El bastardo.

Tengo café. Vamos. Conduciendo a Carnie dentro, _____ posicionó las dos bolsas de supermercado que llevaba. Deslizándolas sobre la encimera, se quedó paralizada cuando Carnie chilló.
¿Estás bien? Se volvió y vio a su mejor amiga mirando, boquiabierta, hacia su mesa de comedor.
¿Por qué hay un gran ramo de globos de condones en tu mesa?
_____ sintió agolparse toda su sangre en su cabeza. Al ver la brillante tarjeta blanca del inquietante arreglo, recogiéndola antes que Carnie. Está bien, ha ido demasiado lejos.
¿Tom? Carnie empujó uno de los globos que se tambaleó, balanceando su punta flexible.
¿Quién si no?
Entonces es... ¿una sugerencia de que puede utilizar una gran cantidad de condones? ¿Qué diablos pasa con esto exactamente?
Carnie se rió.
Al abrir la tarjeta, _____ escaneo las pocas palabras escritas a mano.
Como ya te dije antes, todavía no.
Amor, T.
Dejando caer la tarjeta, suspiró, con los recuerdos golpeándola en cascada. Carnie la recogió y luego la agitó.
¿Todavía no? Hay una historia aquí. Una que no he oído.
Es una estupidez. Es por eso que no la has escuchado.
Agarrando un refresco, Carnie se dejó caer. No hagas café. Cuéntame la historia.
Dejándose caer en otra silla, Abigail empujo uno de los globos. Todo empezó cuando éramos niños.

______ nunca planeó estar nerviosa por ello. Su primera vez, planeada durante meses hasta la habitación del hotel, no debería ser estresante.
Tomando un refresco, ella miraba por la ventana en el estacionamiento. Lluvia empapó todo, haciendo que las luces tuvieran halos. Pensar en halos cuando estaba a punto de participar en una noche de pecado con su novio no estaba ayudando a sus nervios.
Nadie sabe que estamos aquí. No sabes qué estás buscando. La voz de Tom crepitaba sobre su piel.
Sólo viendo la lluvia.
Si estás tan nerviosa como yo, no tienes que ocultarte en la ventana. No creo que pueda hacerlo justo ahora si te quitas la ropa y empiezas a bailar alrededor de la habitación. Estoy muy asustado.
Riendo, ella se volvió hacia él. ¿Estás nervioso? Pensé que los hombres no se ponían nerviosos. Además, ¿no se supone que al menos debes comportarte como si supieras lo que estás haciendo?
Se arrastró hacia la cama y se sentó junto a él. Se quedó tumbado sobre su espalda, sin camisa, su bronceado dorado oscuro contrataba sobre las sábanas blancas. Con una sonrisa juguetona, él cogió un mechón de su cabello alrededor de su dedo. Sin mentiras. Ese ha sido siempre nuestro lema. Soy un manojo de nervios. Todo lo que tienes que hacer es tumbarte y disfrutar. ¿Yo? Se supone que debo rendir excepcionalmente, privar de tu castidad a todos los demás hombres, y de otra manera dejar mi huella sin eyacular antes de tiempo. Sí, sin presiones.
Ninguna. Ella se echó a reír. ¿Qué pasa si lo dejamos como está, y si no conseguimos hacemos nada, no? Creo que estamos presionándonos demasiado nosotros mismos.
Sus labios trazaron un camino por su cuello, encontrando el lugar detrás de la oreja que le encantaba cuando él besaba.
Me parece bien. Si sólo estamos tonteando, ¿debería molestarme con el condón?
Es necesario. Más seguro. Sólo por si acaso.
Su boca encontró la de ella y por un momento se perdió en la sensación, su sabor. Últimamente, parecía que no podía tener suficiente de él, incluso el sonido de su voz hacia que su aliento corriera. Rompiendo el beso, él le sonrió. Podríamos utilizarlos como globos de fantasía.
Riendo, ella le mordió el hombro, feliz de que se hubiera quitado la camisa antes de echarse para que pudiera probar su piel. No puedo creer que recuerdes eso.
Por supuesto que sí. ¿La mirada en el rostro de mi padre cuando nos encontró jugando con los "globos" que encontramos? Y lo mejor que pudo decir fue: No juegues con mis globos de fantasía. Mirando hacia atrás, fue muy muy divertido.
¿Teníamos cuánto? ¿Seis o siete años? No teníamos ni idea de que nos estábamos riendo.
Nope. Globos de gran durabilidad sin embargo. El tipo de globos regulares que arruinó todo para nosotros, creo, que para el resto de infancia. Agarrando un condón, rasgó el paquete y sacó el anillo de goma pequeña. Por lo tanto, un globo de fantasía. ¿Alguna idea de cómo se supone que debo hacer esto exactamente?
Uh, no. Pensé que podrías saber de eso un poco. ______ lo tocó. Es suave, por lo menos. Los recuerdo más polvoriento.
Cariño, es la única cosa suave. Acostado aquí contigo me tiene duro como una roca. Resulta que estaba equivocado con todo el asunto de presión y estropear esa parte. Él jugueteó con el disco de goma.
¿Tenemos que hacerlo soplarlo por primera vez?
Descomprimiendo los vaqueros, Tom los bajó y liberó su polla. No lo sé. No es algo sobre lo que en realidad pueda preguntar a los chicos.
Dámelo. Voy a tratar de ponerlo. Él se lo pasó, pero ella decidió que jugar con él podría ser algo más divertido que ponerle la goma. Acariciando con sus dedos arriba y abajo de su longitud, le gustaba mirar sus músculos del estómago apretando y oyéndolo contener el aliento. Tener este tipo de poder siempre le daba un poco de emoción. Se inclinó y le besó la punta antes de lamer y burlarse de él. Pasando sus dedos a través de sus bolas, ella sintió que se contraían y le dio un largo chupar a lo largo de su longitud.
_____, no vamos a necesitar el condón, si sigues así. Su voz se quebró, sin aliento.
Sonriendo hacia él, trató de deslizarlo. Lo consiguió a medias antes de que saliera disparado de nuevo hacia fuera.
Ops.
Su risa retumbó en su oído, ya que su cabeza estaba muy cerca de su pecho. Resulta que, a pesar de que hemos practicado todo lo demás, esta parte nos podría tomar un poco tiempo averiguar.
Recuperándolo, ella lo intentó de nuevo. Cuando tenga la edad suficiente, voy a tomar la píldora o algo para que no tengamos que hacer esto.
______.
¿Sí?
La idea de estar dentro de tu cuerpo, sin nada entre nosotros, no ayuda al hecho de que estoy duro como una roca y tus dedos me están haciendo querer venir.
Oh, lo siento.
Esto no está funcionando.
Frunció el ceño hacia él, vio cómo él tomó el condón de nuevo, deshaciendo los preciosos centímetros que ella había ganado.
Casi lo tenía.
Soplándolo como un globo, lo ató. Sí, pero podría haber un agujero en él. Jugueteamos mucho con esto. Él le dio un golpecito en la cabeza de su globo de fantasía recién hecho antes de dejarlo salir disparado a través del cuarto.
Oh.
Ven aquí. —Sus labios se estrellaron contra ella, sus cálidos dedos y muy tentadores se deslizaban bajo su camisa. Necesitas estar un poco más desnuda.
Después de unos breves momentos, la tenía en ropa interior, y su respiración estaba entrecortada. Espera dijo.
Oyó una rasgadura. Cerrando los ojos, se enfrentó en una nueva ola de nervios.
Lo tengo. Se volvió y levantó la mirada hacia él, desnudo, excepto por la goma.
Los músculos brillaban por el sudor de la pasión y bronceado de cortar el césped durante todo el verano, se veían casi demasiado sexy. Amarlo era algo que había estado haciendo durante todo el tiempo que podía recordar, pero esto, estar con él como una novia, todavía sentía tan fresco y nuevo. Así que, supongo que ya sabes lo que hay que hacer desde aquí.
Creo que ya se nos ocurrirá algo juntos. Tanto si sabemos lo que estamos haciendo o no, nuestros cuerpos saben lo que quieren. Sus palabras, pronunciadas en un susurro a pesar de que estaban solos, la hicieron temblar toda su piel. Ella lo quería.
Ella estaba lista. Había esperado por este momento —ellos habían esperado— querer hacerlo bien. Ella no podía imaginar estar con nadie más así.
Una vez más, la besó, y ella hundió los dedos en su cabello. Sus manos parecían tocarla por todas partes a la vez. Ella tenía hambre de él, y había esperado durante tanto tiempo. Pronto, estuvo contra él y la sensación de la longitud de su cuerpo, moviéndose sobre la de ella, piel deslizándose contra piel…
De repente él rodó sobre su espalda, jadeando y muy quieto. No me toques, ______. Estoy bien, Tengo el control, pero te quiero realmente mucho. Dame un minuto.
Trató de pensar más allá de las necesidades que tenían cada nervio de su propio cuerpo hipersensible. ¿Por qué no puedo tocarte?  
Tengo miedo de hacerte daño. Tomando tu virginidad. No estoy seguro de que pueda hacerlo.
Está bien, voy a tomar la tuya.
Ella misma rodando, se sumergió en él, sintiendo sólo una pequeña resistencia de su propio cuerpo mientras lo aceptaba. Sobre todo se sentía lleno. Le llevó un momento, ajustarlo, para conseguirlo todo dentro, pero ella lo manejo mientras el yacía, respirando muy fuerte y agarrando las sábanas, con los nudillos blancos.
Después de un momento de adaptarse a la sensación, se las arregló para dejar salir—: De momento esa parte está hecha. No fue incómodo, no exactamente. Era casi agradable. Dolió un poco, pero...
Cuando él se echó a reír, casi se salió, inundada de vergüenza.
Entonces él cogió sus caderas con sus manos, manteniéndola en su posición.
Apretando sus caderas hacia arriba lentamente, con un pequeño giro había recostado su cabeza hacia atrás mientras calor chispeaba a través de su cuerpo, él respondió: No todavía.
Se sentía tan bien, tan nuevo, tan demasiado, un gemido encrespado de su garganta.
Mierda, _____, te sientes tan bien. Tan justo. Otro balance de sus caderas y comenzó a moverse con él.
Apoyando las manos sobre su pecho, ella levantó sus caderas mientras él se retiraba, reuniéndose a mitad de camino. El placer ondulando de ahí, de ese movimiento, hizo sus dedos curvarse.
Más rápido, susurró. Él le dio la vuelta, pasando por encima de ella como un conquistador, y obedeció.
Cuando terminó, se quedó jadeando, a su lado. Una de sus manos estaba en su cabello, sosteniendo la cabeza, el otro sobre su cadera, agarrándola cerca. ¿_____?
¿Sí?
Todavía me gusta jugar contigo a los globos de fantasía.

Le explicó a Carnie casi todo —desde lo más tonto, lo dulce, que el sexo la dejó sin aliento— y luego miró hacía todos los recuerdos empacados en un ramo de globos de goma de fantasía. Entonces, es por eso que me envió un ramo de condones.
Carnie parecía un poco emocionada. Es una historia muy dulce.
Encogiéndose de hombros, ______ atizó un globo, viéndolo caer, tratando de recordar que ya no era esa chica. Más o menos. Pero nosotros ya no somos unos niños. Eso fue hace mucho tiempo.
Carnie se rió entre dientes. Al parecer, no hace tanto tiempo ya que ninguno de los dos se olvidó.

CAPITULO # 8.-*
04 de junio de 2012
______,
Anoche soñé contigo. Era nuestro día de boda y llevabas ese vestido blanco que me recordaba al glaseado del pastel. Estabas toda burbujeante y te veías lo suficientemente dulce para lamerte. Parecía raro, de alguna manera, pensar en lamerte con todo ese blanco inmaculado encima, pero era en eso en lo que estaba pensando.
Viniste por el pasillo, dijimos "Sí" y lo hice. Nos casamos.
Entonces el sueño saltó y estaba sentado en un sofá, viendo un partido. Había una niña que se acercó a mí y me entregó un juguete. Lo tomé, recogí a la niña. Era tan linda. Tenía mi cabello y tus ojos, y se sentía tan natural abrazarla. Sabía su nombre, en el sueño. Era Autumn, porque había nacido en otoño.
Era nuestra.
Viniste caminando hacia la sala, tomaste a la niña, me besaste y te fuiste. Volví a mirar el juego. Era muy cómodo. Después de un tiempo, regresaste. Supongo que pusiste a Autumn en la cama, y te acurrucaste en mi regazo.
Discutimos por el mando a distancia y colocamos una de esas comedias románticas, ya sabes, ¿por las que siempre discutíamos y luego terminaba disfrutando? Y te abrazaba, vimos la película y fue estupendo. Me sentí en paz y más contento de lo que me he sentido desde que me fui de casa.
Me desperté, me di vuelta y no estabas allí.
Me pregunto si nuestra vida habría sido así. Parecía tan temible cuando pensé en ello a los veinte años, pero ahora...
No pareció ni la mitad de mal.
¿Alguna vez te preguntas, _____? ¿Acerca de lo que podría haber sido?
Te amo,
Tom.

Lo consideraba una campaña militar. Un asalto a sus sentidos.
Ella podría ser capaz de hacer caso omiso de las cartas, de acuerdo. Pero no le permitiría ignorarlo.
Recordaba cómo presionar sus teclas. Antes, cuando eran adolescentes en celo, se lo hacían el uno al otro por diversión. Ella sabía cómo estimular sus sentidos con sus faldas cortas, incluso lo de ir sin bragas cuando él se lo había pedido... Oh, esa película fue un infierno. Su falta de ropa interior era todo en lo él que podía pensar.
Ahora los dos estaban en una danza complicada por el control. Ella conocía sus puntos críticos y él sabía los suyos. Comenzó con las entrevistas. Desde el puente cubierto más corto hasta el más largo, pensó en una larga lista de personas. Tardó horas buscando en Internet, pero Bob le dio el visto bueno a todo lo que se le ocurrió así que ______ estaba atada a él.
Reuniéndose con él en el ayuntamiento, pudo decir que ella planeaba mantenerlo todo extremadamente como en un negocio. Ella había aceptado su oferta informal de conducir, ya que se estaban dirigiendo hacia en medio de la nada para hablar con Pauline Sabatina, una de las residentes más antiguas del condado, ex alumna y maestra en una de las primeras escuelas de la zona. No encendió la radio, en lugar de eso bajó las ventanillas de su camioneta, contento con el silencio. ______ volvió el rostro hacia el viento, haciendo caso omiso de la arena que sus ruedas expulsaban del camino de grava, su cabello volando alrededor de su rostro. Con ella en el lado del pasajero de su camioneta, los recuerdos de su mano en la suya atravesaban su mente, y no pudo borrar por completo la sonrisa de su rostro.
Su presencia era como un destello, imposible de apagar ya que cada una de sus terminaciones nerviosas parecía consciente de ella. Navegando por la muy crecida maleza y los hoyos en el camino de entrada, Tom estacionó una vez que llegaron a la pequeña y deteriorado choza como casa. Llegó a su lado antes de que ella se las hubiera arreglado para salir del vehículo, hurgando en su tableta y teléfono móvil antes de que se volviera para verlo. Abrió la puerta y le ofreció una mano, que ella ignoró y se apeó por sus propios medios.
Su pie aterrizó en el fango y se hundió hasta la mitad de la pantorrilla. Su jadeo quedó ahogado por su risa. —Iba a ayudarte... —Cubrió su sonrisa con la mano y se alejó de ella, pero ella lo golpeó en el brazo y él miró atrás—. Oye, si el zapato estuviera en el pie de otro, te reirías.
—Cállate —se quejó, pero sus labios se torcieron, y un poco de la incómoda tensión que llevaba como una capa desapareció.
—¿Tom Kaulitz? ¿Eres tú? —La voz desde el porche estaba tan maltrecha como la descolorida madera de la casa.
Volviéndose de nuevo, Tom ayudó a ______ a liberarse del barro mientras respondía—Sí, señora Sabatina, soy yo. He traído a _____ conmigo y vamos a subir en un segundo.
—Hice un poco de té. Vamos, entra.
Escrutando los escalones con cautela, Tom tuvo el gusto de encontrar mantuvieron su peso, incluso si gemían en señal de protesta. Siguiendo el camino que la anciana utilizaba, abrió la puerta sólo para detenerse cuando _____ gimió.
—No puedo entrar —hizo un gesto a su pie—. ¡Sra. Sabatina! Di un paso en el barro y si entro, voy a dejar un rastro de huellas.
—Dije que entraran, chicos —La mujer gritó las palabras desde algún lugar de la casa.
—No estoy seguro de que ella pueda oír muy bien —Empujando el brazo de ______, Tom le hizo señas con la cabeza para que se moviera al interior—. Voy a decírselo. Tal vez venga a hablar con nosotros aquí.
______ asintió, así que él se encontró con la señora Sabatina y le transmitió la información. Unos momentos después de hablar con ella, Tom se dio cuenta de que no podía escuchar ni la mitad de lo que dijo, lo cual tuvo sentido cuando ella se explicó—: Perdí mi audífono. Vas a tener que hablar alto, muchacho.
Pasando su lengua por los dientes, él reflexionó sobre la oportunidad y decidió bromear un poco con esta. —Sí, señora —le gritó.
Una vez que la jarra de té, los vasos helados y la anciana fueron transferidos con seguridad de vuelta al porche, Tom se reclinó sobre los codos desde su lugar, demasiado cerca de _____ en los escalones. —Sra. Sabatina, cuéntenos un poco cómo fueron los primeros días de la escuela.
La anciana comenzó a recitar historias acerca de su primer maestro y la falda que su madre le cosió para la escuela, y él mientras jugueteaba con un mechón suelto del cabello de _____. De vez en cuando, ella le apartaba su mano... pero no se desanimó. Después de unos momentos de que ella estuviera garabateando en la pantalla con su lápiz, él se inclinó para susurrarle—: ¿Sabes que hay un pato ciego3, a unos treinta metros en el bosque a la izquierda? Podríamos escabullirnos, tú y yo, familiarizarnos a fondo. Nadie lo sabría nunca.
Las mejillas de ______ se colorearon de rojo intenso y su boca se abrió. Su mirada se disparó de él a la anciana dos veces antes de lograr concentrarse de nuevo en la entrevista y empezar a garabatear notas.
—¿Sabes cómo te gusta que mordisquee ese pequeño lugar detrás de tu oreja? Podría empezar con eso. Luego arrastraría besos por tu cuello mientras mis manos estarían llenas de esos hermosos pechos tuyos...
3 Pato : Es un refugio, a menudo camuflado con juncos y pastos, para
ocultar los cazadores de patos
Una vez más, su cabeza se levantó. La anciana no se detuvo ni un segundo en su narración.
—Así que en ese entonces, había un área de bosques más allá de la calle Satin, donde se está construyendo las viviendas ahora. Cuando éramos niños nos escondíamos fuera...
—¡Tom! —siseó _____—. Ella está justo ahí.
—No puede oír ni una palabra de lo que estoy diciendo —miró atrás, y la mujer tomó un sorbo de su té antes de continuar hablándoles acerca de cómo los niños iban al teatro para ver una película cuando llegaba el fin de semana.
—¿Cómo lo sabes? —______ cubrió sus labios con la mano antes de susurrarlo.
—Perdió su audífono —le sonrió antes de reclamar el fascinante rizo de cabello con el que había estado jugando—. Así que puedo decir lo bonitos que se ven tus senos a la luz de la luna y cómo tus besos me vuelven loco y ella no puede oír ni una palabra de eso.
—Eres malo —susurró ella, pero no alejó la mano de su cabello.
—Te gusta —Echándose hacia atrás, él dejó que el sol calentara su piel, mientras ______l hacia un par de preguntas más y garabateaba. De pronto, ella tocó su brazo y él se dio cuenta de que debió haberse quedado dormido.
—Despierta, bello durmiente. Dile adiós a la señora Sabatina.
Parpadeando rápido, se estiró y bostezó antes subir trotando los dos escalones para agarrar la jarra y vasos de la anciana. —Yo llevo estos, señora.
—Bonitos modales —Ella se echó a reír y él la siguió dentro de la pequeña y desordenada casa. Olía a una mezcla de bolas de naftalina, polvo y gato, y arrugó la nariz ante la combinación, pero guardó sus pensamientos para sí mismo. Cuando llegó a la cocina, lavó la jarra y los vasos antes de volverse hacia la señora Sabatina de nuevo.
—Muchas gracias por recibirnos, señora.
—No hay problema. La próxima vez que traigas a una dama a mi casa, sin embargo, muchacho, cuidarás tu lenguaje apropiadamente con ella.
______ acababa de entrar en la cocina detrás de la señora Sabatina y rápidamente dio un paso atrás en torno a la esquina. Tom no dudó ni por un segundo en que ella se quedó sin embargo y espió desde allí. —Sí, señora.
Aclarando su garganta, hizo un gesto con el paño de cocina. —¿Usted podía oírme?
Con una sonrisa, como campanas de viento de madera resonando juntas, la anciana tocó su brazo con su mano muy suave y seca. —No, muchacho. Te lo dije, perdí el audífono. Sin embargo, puedo leer los labios. Fui maestra, sabes.
Asintiendo con la cabeza, él se disculpó por su comportamiento antes de encaminarse en busca de ______, quien ya se había metido en la camioneta y se estaba riendo mucho.
—¿Crees que esto es gracioso? —le preguntó—. Acabo de hablar acerca de tus tetas delante de una mujer que tiene que tener por lo menos mil años de edad.
Sus palabras no frenaron su risa y las lágrimas se escabulleron por las comisuras de sus ojos. —Me estás matando aquí. La mirada en tu rostro cuando ella te regañó... no tiene precio.
La vista de ella, tan real y llena de alegría, provocó algo y no pudo resistir el inclinarse más cerca, hasta que sus narices apenas se rozaban. —Y yo aquí tratando de ser sexy...
Dejó que la frase colgara hacia la nada, disfrutando de la pasión que despertó en su mirada y la forma en que lentamente ella lamió sus labios carnosos. —Sí, bueno…
Ella tragó saliva y él se acercó más aún, capturando esos labios con los suyos. Sólo una vez que su respiración se aceleró, y sus dedos se aferraron a su camisa, él retrocedió lo suficiente para sonreírle. —¿Decías?
—No recuerdo —confesó ella y se recostó en su asiento.
Siguieron con más entrevistas, y utilizó a cada momento para tratar de hacerla recordar los sentimientos que una vez habían compartido. Eran las pequeñas cosas en realidad. Rozar su brazo contra el de ella para verla temblar mientras hablaba con alguien. Ella todavía sentía algo. Inclinarse en su espacio para echar un vistazo a lo que estaba escribiendo, acercarse lo suficiente para olerla y escuchar su aliento quedar atrapado. Tocar sus dedos mientras ella alcanza su teléfono.
Detrás de ella en el mostrador de rosquillas, él se inclinó, como si mirara los pasteles.
Dejó que su aliento agitara sólo el cabello por encima de su oreja. Cuando ella comenzó a moverse, deslizó su lengua para tocar el punto dulce detrás de su lóbulo, el grupo de nervios que sabía que la hacían estremecerse.
En sintonía con ella, atrapó el suave suspiro, la forma en que aceleró su pulso en el cuello mientras se volvía hacia él. —Tom.
—_____. ¿Encontraste algo que te guste?
Se quedó en su espacio personal. Inclinándose hacia el mostrador para que su cadera rozara la de ella.
—Eh, yo...
—Creo que te gustarían los éclairs.
—¿Tú crees? —Sus cejas se levantaron y su mano ondeó. Era como si no estuviera segura de si quería alejarlo o acercarlo más.
—Síp. Relleno de crema.  
Ella se atragantó con una carcajada, mirándolo. —Y el premio al comentario espeluznante del año es para...
Él se inclinó de nuevo. —El chocolate libera las mismas endorfinas en el cerebro que el sexo. Dado que no estamos teniendo nada de sexo, voy a pedir algo con chocolate. Pero no te preocupes. Prometo pensar en ti.
—Eso no fue menos espeluznante —dijo ella, pero seguía sonriendo.
Sus manos temblorosas decidieron una ubicación. Ella apoyó una en su pecho.
—¿Qué vas a pedir?
—Dos pueden jugar a este juego, sabes —Sus dedos se cerraron en su camisa, las puntas enterradas en su pecho.
—¿Qué juego, ______?
—Estás tratando de hacerme perder el equilibrio
—No… —Inclinándose rápido, la subió y bajó, ocasionando que chillara y se agarrara a él de forma más segura.
—Así te hago yo perder el equilibrio.
Un pequeño jadeo y luego ella apretó sus labios. —No voy a responder.
Pero sus dedos se deslizaron hasta su cuello, acariciando su cabello.
—¿Es que no lo has decidido aún o estás en conflicto con eso?
—En conflicto. Te lo he dicho, no vamos a discutir asuntos personales. Sólo negocios.

Tirando de ella de nuevo hasta dejarla en una posición segura, sonrió y se volvió para alejarse. Por encima de su hombro lanzó—: Resuelve tu conflicto.



HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS DEL DIA ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO .. HASTA LUEGO :))