CAPITULO
# 9.-*
03 de abril de 2007
________,
Las lluvias de abril traen las flores de
mayo, pero ¿qué traen las flores de mayo?
¿Te acuerdas de cuando eras una niña y
repetías eso una y otra vez y me volvías loco? Yo sí.
Un tipo me invitó a salir a un club con
él. Hubo baile y música... no el tipo de música que escuchábamos. Agobiante,
con excesiva percusión y la gente estaba apretujándose y casi teniendo sexo
justo en la pista de baile.
Esto me recordó del año que viste Dirty
Dancing y tuviste mucho interés en bailar así.
Tengo que decir que yo sólo accedí a
fingir ser tu pareja porque quería que te apretaras contra mí. Realmente me
excitaba tenerte montando mi pierna.
Pero esta es la realidad. ¿Todas esas
mujeres, medio desnudas y oliendo a sexo fácil, en el club? Ninguna de ellas
era ni la mitad de sexy como cuando te tuve entre mis brazos en los bailes de
la escuela, toda cautelosa y correcta, mirándome como si fuera increíble.
Me hiciste sentir como que podría ser
mejor.
Echo de menos eso.
¿Hay algo que extrañes de mí?
Aún no has respondido a una sola carta,
así que no sé por qué espero que cada una sea la que... la que te haga
finalmente decir algo.
Tal vez sea ésta.
Si es así, te amo.
T.
Unas diminutas luces iluminaban el interior
del puente cubierto, con sus reflejos brillando sobre el agua del arroyo
debajo. El puente del Golfo Smolen, el puente cubierto más largo en los Estados
Unidos, colgaba alto por encima del golfo de Ashtabula, un lugar rocoso como un
acantilado, rodeado por todos lados por frondosos bosques y campos. El sonido
de las ranas y las criaturas de la noche se oían por encima de los sonidos de
los turistas comentando y la banda preparándose. Para la primera noche del
festival, el puente había sido puesto fuera de servicio y serviría como
escenario para bailar, la música y demás.
Encantada
con su asignación a este puente, _____ masticaba una piruleta de jarabe de arce
y disfrutaba de la brisa fresca de la tarde en su piel.
Su
teléfono móvil sonó y ella tocó la pantalla para contestar. —¡Carnie, ¿cómo
estás?!
—¡Maldito
puente más corto, es de tontos! Esto no es un puente, ______. Esto es una
broma.
—Es
el puente más corto, Carn. Sólo abarca seis metros. Me ofrecí a cambiar contigo
de puentes...
—¡Esto
no es un puente, maldita sea! Es demasiado pequeño para ser considerado un
puente. Es más como un umbral. Me pregunto si podríamos conseguir superar un doble
récord con esto... el puente cubierto más corto del mundo más el umbral más
largo.
—¿Hay
alguien allí?
La
ráfaga del suspiro de Carnie sonó como estática en la línea. —Sí. Miles de
personas. Y hay pastel de queso. Supongo que es algo lindo... de una manera
decepcionante.
—La
longitud no lo es todo, Carnie.
—Pfft.
Eso es algo que los hombres con penes pequeños dicen para tratar de
convencernos de les dejemos bajar nuestras bragas. Disfruta de tu puente largo.
Yo te alcanzo después.
—Me
parece bien —Colgando, _____ se inclinó sobre el borde del puente, relajándose
por lo que pareció la primera vez en mucho tiempo mientras las primeras notas
vibrantes de la banda ondulaban en la noche.
Parecía
que se la pasaba siempre tensa por Tom ahora. Lo que realmente necesitaba era
dejarlo todo ir por una noche. Relajarse. No pensar en…
—Hermosa
noche, ¿no?
Su
voz se deslizó sobre su piel, levantando la piel de gallina y poniendo su
cuerpo en alerta máxima. La electricidad crujió a través de su piel como el
calor de un rayo en una calurosa noche de julio a través de un cielo despejado.
—Tom
—Asintió, con la esperanza de ocultar su reacción.
Apoyándose en el puente junto a ella, su
brazo rozó el suyo, activando sus sentidos y haciéndola inmediatamente sintonizar
con él. Nadie nunca la afectó como Tom Kaulitz.
—¿Has
disfrutado del festival hasta el momento?
Era
una pregunta tan cómoda, sin tensión, que su aliento salió apresurado. Se
encontró casi decepcionada de que él no estuviera continuando su asalto perpetuo
a su impulso sexual.
—En
realidad, sí.
—Recuerdo
estos, de antes cuando tú estabas en la banda. ¿Recuerdas el desfile? Odiabas
ese desfile —Una sonrisa familiar encendió su rostro, iluminada por las
pequeñas luces blancas brillantes colgando del puente.
—Por
supuesto que lo odiaba. Estábamos a cerca de mil grados y el uniforme de la
banda era de camisa manga larga, pantalón largo y cien por cien poliéster. Nos
podrían también envuelto en plástico e introducido en un horno de microondas.
—Sí.
Recuerdo. Sudabas como un cerdo.
Resoplando,
ella le devolvió la sonrisa. —Gracias. Sé que estabas caliente.
—Literalmente.
Reírse
con él se sentía extrañamente cómodo. Y entonces la canción cambió.
Para
la segunda nota, su cabeza se volvió hacia la improvisada pista de baile.
—Amazed —susurró ella.
—Están
tocando nuestra canción. ¿Quieres bailar, Bigfoot4? ¿Estrictamente como
colegas, mostrar un frente unido y todo ese asunto?
4 Bigfoot: Pies Grandes
No
pudo ocultar su sonrisa ante el viejo apodo de la infancia, algo que él le
había apodado cuando todavía estaba en la escuela primaria. Tiempo atrás,
cuando ella había usado la misma talla de zapatos que él, antes de que la
pubertad lo convirtiera en un hombre y a ella una mujer...
¿Que podría perjudicar
un baile? Con
un encogimiento de hombros, ella tomó su mano y él la guió a la masa de cuerpos
en movimiento. Fácilmente, como si la abrazara todos los días, la tomó en sus
brazos.
La
tentación de fundirse en él casi la abrumó.
Su
aroma la envolvió, la mezcla familiar de olores que identificaban a Tom. La
canción que una vez había significado tanto para ella vibraba contra su piel,
ocultando el hecho de que estaba sin aliento con la combinación de viejas
emociones y otras nuevas.
¿Podría
estar enamorándose de él de nuevo?
Inclinándose cerca, sintió su respiración
agitar su cabello. Su susurro la sedujo. —Nena, me rodeas, tocas cada lugar en
mi corazón. Y se siente como la primera vez, cada vez. Quiero pasar toda la
noche en tus brazos.
—Ojos.
—¿En?
—Sus labios rozaron su mejilla mientras se movía. Ella suspiró mientras un
escalofrío de deseo se disparaba por su columna vertebral.
—No
son brazos, son ojos. La canción dice ojos.
—Aquí
estoy, enamorándote en una cálida noche de verano y ¿estás corrigiendo mi forma
de cantar?
Atragantándose
con su risa, ella se volvió para mirar sus ojos, pero su rostro estaba cerca,
demasiado cerca.
El
tiempo parecía haberse detenido. Por un momento, estuvo segura de que él estaba
a punto de besarla. Congelada, esperó, los labios a un suspiro de distancia de
los suyos, las miradas fijas. Entonces simplemente él escondió su rostro en su
hombro. —______, estoy impresionado por ti.
Tratando
de recuperar el aliento, vaciló entre estar realmente feliz de que no la
hubiera besado delante de todo el mundo...
Y
realmente decepcionada.
CAPITULO
# 10.- *
23 de noviembre de 2008
_______,
Sólo quería dejarte una línea rápida para decir...
Aún me estás ignorando.
Realmente me molesta.
Deja de ser una perra.
Un día, te regañaré por esto.
T.
Había
pasado de ser capaz de evitarlo fuera de las entrevistas a no ser capaz de dar
dos pasos sin toparse con Tom. En la tienda de comestibles, cogió dos litros de
leche. Mientras echaba un vistazo a la fecha de caducidad, lo olió.
Se
volvió y casi golpeó su cabeza con la de él. —¿Realmente miras las fechas en la
leche? Yo, vivo peligrosamente.
Se
acercó a ella y cogió otra botella, su brazo rozó el de ella revolviendo sus
nervios. Su pulso se aceleró. Estar tan cerca de él le recordaba cómo la había
empujado contra el Chevy y despertó la necesidad de repetir la experiencia.
Parpadeó.
Él todavía hablaba. —¿Qué?
—Dije
que vivo peligrosamente. Agarro una botella leche y espero beberla antes de que
se dañe. Deberías probarlo. Los riesgos son muy divertidos —Le guiñó un ojo y
se alejó.
Le
sorprendía que el plástico en su mano no se fundiera por el calor corporal que
irradiaba.
En
la biblioteca al día siguiente, donde leía a los niños una vez a la semana
durante la hora del cuento, apareció detrás de ella mientras se dirigía al
baño. —¿La Oruga Fuzzy?
Ella
parpadeó, si entender lo que decía, sus funciones cerebrales superiores se
revolvía a la vista de él.
Señaló
el libro aferrado entre sus dedos de repente entumecidos. —¿Material de lectura
pesada? —Su sonrisa era contagiosa y ella sintió su propia boca elevarse en una
sonrisa de respuesta.
—No,
leo para los niños.
—Muy
saludable —Se acercó a ella—. ¿Saben lo traviesa que eres? Yo sí lo sé. No
puedo dejar de recordar nuestros momentos juntos.
Su
rostro ardió. Mirando a su alrededor, preocupada de que alguien lo hubiera
escuchado, se dio cuenta de que estaban solos. —No puedes decirme cosas como
esas. No tienes derecho. Te lo dije, ahora que el evento del puente ha
terminado, no hay nada de lo que debamos hablar y no hay necesidad de que
interactuemos.
—Planeaba
casarme contigo una vez. Tengo todo el derecho. Te dije en las cartas que nunca
dejé de pensar en eso y en ti.
Y
eso era otra cosa, cada vez que podía, se refería a las cartas. Las míticas
malditas cartas...
Si
él le hubiera escrito alguna, no habría estado tan enojada, pero no obtuvo una
sola palabra de él en los últimos años.
Había
un montón de cosas que podía perdonar. Mentir no estaba en la lista.
Pero
él no la había besado. No en nueve días. No es que llevara la cuenta ni nada.
Tenía
que parar.
Abriendo
su teléfono, llamó a Carnie desde el cuarto de baño de la biblioteca. —Necesito
refuerzos.
—¿Refuerzos?
—preguntó Carnie.
—Sí,
voy a necesitar ayuda. Rápido.
Si
una viejita más al azar le pegaba con su bastón, tendría que esconderse en casa
de su padre hasta que la nieve cayera.
Tom
se encontraba en el infierno.
Cuando
eran niños, toda la ciudad parecía decidida a juntarlos a él y a _____. Los
emparejaron para las carreras de dos piernas cuando la comunidad acogía ferias
callejeras. En la escuela, sus maestros los asignaban como compañeros de
laboratorio. Sus nombres iban juntos con tanta facilidad como la mantequilla de
maní y jalea.
Tan
ferozmente como el equipo local una vez los juntó, resultó igualmente decidido
a separarlos.
Sentado
en la barra, ahogando sus penas en una Bud Light, trataba de ver el partido de
fútbol. No le importaba el maldito juego.
Miró
a las luces centelleantes que iluminaban la puerta. Bajo uno de los signos de
cerveza de neón, el tiempo demostró que su amigo estaba retrasado.
La
puerta se abrió y Tom lanzó un suspiro de alivio cuando vio una figura familiar
entrar y agitar la lluvia de su chaqueta. —Bill.
Deslizando
una cerveza sobre la mesa para su mejor amigo, frotó la herida reciente en su
sien. La señora Van Devender —accidentalmente— dejó caer una maceta en su
cabeza al principio del día. Si no supiera bien, diría que trataba de matarlo.
—Tom.
—Su mejor amigo se sentó en el asiento frente a él y aceptó la cerveza—. Por lo
tanto, la mierda se salió de control.
—Sí,
por eso te he llamado.
—Nadie
en la ciudad está muy contento contigo ahora mismo.
Él
asintió y tomó un trago de su propia cerveza. —Ya me di cuenta. ¿Qué diablos
está pasando?
—Este
es el problema... cuando te fuiste, tu padre fue una especie de idiota con
______. Todo el mundo lo supo. Ella es una chica lugareña y no tomó represalias
contra él. Esto demostró a todos que respeta a sus mayores, lo que significa
mucho para la vieja guardia. De todos modos, los años pasan, se hizo cargo de
su madre loca y de su abuela hasta que murió. Hace servicios a la comunidad y
de todo, y tú vas por ahí haciendo lo que fuera que estuvieras haciendo…
—Bill,
ella no quiere hablar conmigo de nada que no esté dentro del ámbito de los
negocios, se niega, y sabes lo he intentado y…
Su
mejor amigo le hizo un gesto con un meneo de su cerveza. —No importa, idiota.
La cagaste y ella jugó a la santa. Ahora has vuelto. Envió una señal de socorro
a su amiguita Carnie. Básicamente, estás en la lista negra como el idiota que
la dejó y se ha mencionado, no muy sutilmente, que la presionaste y mentiste,
para empezar.
—¿Mentirle?
¿Qué demo…?—Una vez más, Bill le interrumpió, su redondo rostro serio.
—Las
cartas, hombre. Todavía no cree que le escribieras las cartas. ¿Por alguna
casualidad, guardas copias de ellas? Quiero decir, eso aclararía las cosas a la
ciudad.
—¿Copias?
—No
lo creo. Todavía no puedo creer que le hayas escrito todos esos años. Eso fue
un poco femenino, hombre.
—Cállate,
imbécil. Si quiero saber tu opinión, te la pediré.
Bill
sonrió. —No soy a quien van golpeado las mujeres ancianas.
—Vete
a la mierda.
Chocaron
cervezas y bebieron un momento en amigable silencio.
—Entonces,
¿cómo combato el ataque de los simpáticos ciudadanos?
Bill
lo consideró o miraba el partido. Tom no estaba seguro de qué.
Después
de unos minutos, su rostro redondo estalló en una sonrisa. —Véncela con su
propio juego.
—Dime
que tienes un plan.
—Tengo
un plan.
—Dime
que no implica cinta adhesiva o un pato.
Bill
se atragantó con su cerveza. —Nunca vas a dejarme olvidar eso, ¿verdad?
Tom
sonrió. —Mierda, no.
—La
mayor parte de la ciudad olvidó que Carnie y yo solíamos salir —Bill se pasó una
mano por su cabello negro—. Casi me había olvidado de la historia del pato .
—Nunca
voy a olvidar esa historia —Sonriendo, Tom sorbió su cerveza.
—El
hecho de que tu vida amorosa está en desgracia en estos momentos, no significa
que tiene que traer a colación mis errores de antaño —Bill miró el juego.
—¿Recuerdas
incluso cómo terminaba esa broma? —preguntó Tom.
—Claro
que sí. Un anciano moribundo les dice a sus dos hijos que tomen un dólar cada
uno, vayan a la ciudad y al que regrese con lo mejor que puedan para la granja
familiar. Uno de los hijos hace unos cinco intercambios; manzanas por un pollo,
pollo por una cabra, termina con una vaca. El otro hijo se compra un pato. Pasa
por un burdel y una de las mujeres le ofrece una follar por su pato. Él acepta
y fue tan buena, que ella quiere que hacerlo de nuevo. Él está de acuerdo, pero
sólo si ella le devuelve su pato. Poco tiempo después, va de camino con su pato
de vuelta a casa y un auto lo golpea, matando a su pato. Un tipo rico baja del
coche, y le dice: Por favor, no me demandes. Te daré diez mil dólares. Así, el
chico se va a casa y le dice a su padre: Obtuve un pato por un dólar, follé por
un pato, un pato por follar y luego diez mil dólares por un pato destrozado.
Tom
se rió, tomó un sorbo de cerveza y estudió a Bill. —Y esa historia te inspiró a
darle a Carnie un pato, ¿cómo?
—No
sé. A las chicas les gustan los patos, amigo.
—Pero
pegaste con cinta adhesiva su pico —Sin dejar de reír, Tom levantó dos dedos y
la camarera llegó con más cerveza.
Bill
se encogió de hombros. —Parecía una buena idea en ese momento. El maldito
estaba tratando de morderme.
—Idiota.
—Tienes
suerte de que me gustes, imbécil —Bill sonrió.
—Sí,
tengo suerte. Voy a comprar la cerveza. Explica. Dime tu plan sin patos.
—No
te va a gustar. Vas a mostrarles a las viejas beatas en esta ciudad que te
preocupas por el pueblo... y que estás dispuesto a volver a él.
—Sigue
hablando.
—Entonces,
¿tu idea es hacerme sudar mis frustraciones? —Balancear un martillo no era
realmente la idea de Tom de pasar un buen rato. El sol brillaba en el acre de
césped verde, salpicado de coloridas plantas y rodeando el porche de la casa de
siglo, que contrastaba con todo el material de construcción instalado en el
camino de entrada.
—El
servicio comunitario es bueno para el alma. Ya has oído que Jim Demshar está en
una silla de ruedas ahora. Bueno, Joanne necesita una rampa y pondremos una
para ella. —La sonrisa de Bill mientras sacaba los tablones de la parte trasera
de la camioneta, haciendo que Tom le diera un saludo con el pulgar.
—Fantástico
para el alma, un infierno en la espalda.
Juntos,
no tardarían mucho en terminar la rampa. Trabajar codo a codo trajo recuerdos
de días pasados, construyendo casas en los árboles y rampas para sus
bicicletas. Pronto estaban diciendo tonterías, casi disfrutando del trabajo.
—¿Por
qué ella? —preguntó Bill.
—Bill,
sabes por qué ella. ¿De verdad vamos a hacerlo otra vez?
Bill
se encogió de hombros. —_____ es una gran chica, pero... en realidad, no está
interesada. Ella siguió con su vida.
—Mentira.
Si lo hizo, que así sea. Pero hay algo ahí.
—Entonces,
¿por qué la dejaste?
Mirando
a su amigo, agarró la otra tabla y la puso en su lugar. —Estaba muerto de
miedo, hombre. Estabas allí. No era más que un niño, y ¿cómo podría cuidar de
ella? Se merecía algo mejor de lo que yo podía darle. Así que hui. Y funcionó.
Pero nunca la dejé ir. En realidad no.
Bill
se encogió de hombros y le pasó una nueva de caja de clavos. —Prepara los
violines.
Resoplando,
Tom agarró unos clavos. —Era mi mejor amiga, hombre. Lo sabes. Estuviste genial
y todo, pero no era como si fuera entre yo y Bigfoot. Ella me conoce, me posee.
Actúa como si tuviera todo bajo control, como cuando éramos niños, pero...
alguien tiene que cuidar de ella. Yo, bueno, quiero una oportunidad para eso,
supongo.
—Eso
suena muy cursi.
—Cursi...
bueno, a la mierda. Soy cursi, entonces. Bill, nunca ha habido otra mujer como
ella. Me hace querer ser un hombre mejor. Siempre lo hizo, incluso cuando era
un niño estúpido y demasiado asustado para intentarlo. No soy un niño.
He
viajado, pero no importa a donde fuera, la llevaba conmigo. Le escribí. Nunca
tuve las pelotas para llamarla, pero le escribí. Nunca la olvidé. Si esta
oportunidad falla y realmente no me quiere, bien. Pero no voy a ninguna parte.
No voy a huir de nuevo.
—No
puedo creer que todavía la llames Bigfoot. —Bill sonrió—. Yo no te daría ni la
hora, tampoco, si esa es tu idea de una charla sexy.
—Recuerda
sus largos dedos del pie. La llamé Bigfoot. Yo tenía esas desgarbadas piernas
de viejo, porque era un poco flaco de niño. Ella me llamó rodillas huesudas.
Tonto, pero soy yo diciendo que lo recuerdo, la verdad.
—Sí,
se pone más cursi que eso. ¿Por qué crees que ella nunca te escribió?
—¿Terquedad?
No sé. Quiero decir, esa parte. Voy a ser honesto. Eso me hace enojar. Actúa
como si fuera la única persona perjudicada aquí, pero... sí, metí la pata. Sí,
me alejé y nos impedí cometer un gran error al casarnos demasiado jóvenes. Y
todavía creo que habría sido un error. Me habría odiado en un año. Estaba
demasiado confundido para haber sido un marido decente para ella. Pero ella
metió la pata también. Podría haberme contestado. ¿Ignorarme durante años? Fue
más que un poco perra. Tom martilló más fuerte. —¿Cuántos hombres escriben a
una mujer alguna una carta de amor en sus vidas? Le he escrito durante años.
Eso tiene que significar algo.
Bill
se echó a reír. —Significa que eres un hijo de puta romántico.
Tom
miró a su amigo y luego vio un rostro a través de la ventana abierta de la
casa.
Un
momento después, la señora Demshar salió con una jarra de té. —Chicos, vengan
aquí y tomen un pequeño descanso. Ese sol parece caliente y una bebida
agradable y un poco de descanso debería refrescarlos.
Obedeciendo,
Tom subió por la rampa a medio terminar y aceptó una copa helada de la anciana.
—Gracias, Sra. Demshar.
—¿Tom?
—¿Sí,
señora Demshar?
—No
renuncies a esa chica.
La
señora Demshar cojeó de vuelta a su casa, y Tom le lanzó una mirada con la boca
abierta a Bill.
Bill
simplemente sonrió.
—¿Eso
fue parte del plan?
Bill
se encogió de hombros. —Imaginaba que el hecho de que no dejarás de hablar de
ella puede ser útil, sí.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS DOS CAPS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... ADIOS Y GRACIAS POR LEER :))