viernes, 8 de enero de 2016

.- runaway (huir).- # 17 y # 18

ULTIMOS CAPITULOS!!

CAPITULO # 17.-*

9 de Julio de 2013
______,
Creo que tú y yo deberíamos empezar de nuevo.
Hola, soy Tom Kaulitz. Soy un muchacho de un pequeño pueblo que se enamoró de su mejor amiga cuando era niño.
Bueno, tal vez empezar de nuevo no funcionaría. No puedo borrar el pasado. No me gustaría. Muchos de esos recuerdos fueron algunos de los mejores de mi vida hasta ahora.
Pero quiero nuevos comienzos contigo. Quiero llegar a conocerte ahora. Quiero ver los cambios que el tiempo hizo en ti. Quiero saber lo que piensas.
Nunca supe qué diablos dirías a continuación. Eso siempre me dejó alucinado. Por eso acepté “Amazed” como nuestra canción. Sabía que te gustaba porque era popular, pero ¿a mí? Me gustaba porque realmente me sorprendías. No deberías haber sido capaz de hacerlo. Pasamos tanto tiempo juntos, debería haberte conocido tan bien como la palma de mi mano.
Pero nunca dejaste de sorprenderme.
Estoy pensando en volver a casa. ¿Qué dices? A ver si rompes con la rutina, de hecho me respondes y me dices que te parece.
Con amor, T.

—Este tamaño de clavos para techo es incorrecto, Tom Kaulitz. Tu chica, trató de engañarme y me cobró por los otros. Si tu padre estuviera aquí hoy, esto no habría sucedido. Le dije claramente…
—Mira, Billy, voy a tratar de resolverte el problema.
Billy McDowell era un alcohólico y probablemente ordenó los malditos clavos equivocados pero decírselo no iba a hacer menos monótono este lunes.
Tom todavía estaba preocupado sobre el misterio de las cartas. _____ no era una mentirosa. Si dijo que no había recibido las malditas cosas, probablemente no lo había hecho.
Por una parte, era una buena cosa. A lo largo de los años, había habido algunos momentos muy bajos de su vida y le escribió cada día, incluso cuando se sentía como un imbécil. Pero algunas de las cartas eran sobre él resolviendo las mismas cosas que lo condujeron de nuevo a su lado.
Por lo que debió encontrar las palabras de nuevo para decirle por qué le importaba.
Todo el mundo sabía que la oficina de correos en esta ciudad era muy poco fiable, aunque mientras fueran entregadas… Pero, ¿cómo que Ernie no había entregado una sola carta en diez años?
Parecía más que una coincidencia.
La campanilla sonó en la puerta de la parte delantera de la tienda y echando un vistazo hacia el fondo del pasillo, primero vio su reflejo en el suelo de madera pulido.
Levantó su mirada, observó fijamente su rostro, y supo que si ella no había leído una sola carta la última vez que hablaron, había leído por lo menos solo algunas ahora.
Lo cual significaba que necesitaría privacidad cuando hablaba con ella. Parecía emocionalmente impresionada, con ojeras por falta de sueño, y corrió a su lado.
—Vamos —le dijo sin preámbulos—. A mi camioneta.
Sosteniendo las llaves, la agarró del brazo y la arrastró detrás de él antes de que pudiera responder.
Ella no dijo nada mientras abría la puerta y básicamente la metió dentro abrochando el cinturón en su lugar. Siguió sin decir ni una palabra cuando entró después de ella, abrochando el suyo en el seguro y ponía en marcha el motor. Se detuvo un momento, no muy seguro inseguro de a dónde ir.
Y luego la respuesta parecía simple.
Conduciendo hacia la granja Watkin, giró en la entrada del pozo de petróleo que conducía de regreso al estanque aislado donde comenzó todo, el lugar donde le confesó por primera vez que sentía más que amistad hacia su mejor amiga.
Estacionó la camioneta. Ella todavía no había hablado.
Se dirigió hacia su lado de la camioneta, ayudándola a bajar, y ella se alejó para contemplar el agua.
—He leído las cartas. Al parecer mi madre quería destruirlas. Mi abuela, porque me amaba y creo que, incluso cuando estaba enferma me entendió, hizo que Gracie las guardara. Porque Gracie es Gracie, ella le tomó la palabra y las guardó, todas, hasta que fui a recogerlas el sábado por la tarde.
Se quedó en silencio un momento y los sonidos de las ranas comenzaron antes de que volviera a hablar, el silencio se prolongó mucho tiempo.
—Me quedé despierta la mayor parte del fin de semana leyéndolas. Miles de ellas. ¿De verdad me escribiste casi todos los días desde que me dejaste plantada en el altar?
—Lo hice. —Su voz salió ronca.
—¿Por qué volviste a casa?
—Te lo dije en las cartas. —Quería acercarse a ella, tocarla. Girarla y hacer que le mirara para así poder leer su expresión
—Quiero oírlo, Tom.
—Fuiste mi primera mejor amiga. Nada ni nadie ha sido capaz de llenar el vacío que al marcharme dejaste dentro de mí. Tal vez sea egoísta, pero te quiero de regreso. No sabía cómo ser lo que necesitabas, no en aquel entonces. Ahora estoy listo. Quiero ser tu compañero, como hablamos. Quiero aprender a ser lo que necesitas, ser el que te consuele. Quiero ser quien te abrace mientras sueñas. Quiero amarte, _____. Sé que ha pasado mucho tiempo. Entiendo que los dos hemos cambiado y crecido. Quiero llegar a conocerte.
—Siento como si todavía te conociera. Lo hice antes de leer tus cartas. Lo hago incluso más ahora.
Sus palabras encendieron una luz en su interior. Se sentía como esperanza. —Tú me conoces, siempre me has conocido, y las cartas eran para asegurarme que supieras en quién me estaba convirtiendo. Quiero saber acerca de los años de silencio, los diez largos años que me perdí contigo.
—Eso no va a suceder repentinamente, Tom. —Ella todavía no se había girado a mirarlo.
—Lo entiendo.
—Pero pensaba que tal vez podría comenzar con confiar en ti un poco.
Ella se giró y con un movimiento, estuvo en sus brazos. Había soñado con este momento miles de veces. Como siempre, hacía con todo, ella se entregó en el beso. Él se lo devolvió con tanta efusión como lo recibió.
Sus bocas se encontraron y se disfrutó con la pasión reprimida de años. Su pene no se endureció lentamente, se levantó tan rápido y duro que pensó que iba a rasgar un agujero en sus vaqueros. Quería su carne bajo sus manos, su piel junto a la suya, su cuerpo montándolo.
Pero este no era el pasado y no estaba cometiendo los mismos errores otra vez.
Apartándose de la tentación de su boca, preguntó—: ¿Estás segura, _____?
—Tom, no he estado segura de nada desde que condujiste tu maldita camioneta de nuevo a la ciudad. Pero sé que te deseo. También sé que quiero confiar en ti. ¿Podemos empezar con eso?
Lo que significaba que aún tenía algo que demostrar.
Sus dedos se deslizaron por su cuello, besando su camino desde la clavícula al cuello, hasta llegar al delicado lóbulo de su oreja. —Eso significa que debemos tomárnoslo con calma, mi amor, no poner quinta marcha y convertirnos en un fogonazo en la noche.
—A la mierda con el cuidado, a la mierda con la calma y a la mierda con esperar, Tom Kaulitz, ¿Me deseas?
Tomó su polla en su mano, frotando su longitud desde la base hasta la punta, a través de sus vaqueros.
El placer por la presión que ejercía, se extendió desde la raíz del cabello hasta la punta de sus pies.
—No voy a mentirte, ______, ya te lo dije. Te deseo.
—Entonces muéstrame todas esas cosas que dijiste que querías hacerme, en esas cartas.
Sus manos recorrieron su cuerpo, mientras le iba quitando las prendas que no iba a necesitar en un rato.
Recostándola sobre la suave hierba, la vio desnuda por primera vez en años, no por primera vez, la encontró más hermosa y deseable que cualquier otra chica en la historia.
Sus manos intentaban quitarle su ropa, pero él logró esquivarla fácilmente, en cambio, las apartó para poder ahondar en esa húmeda flor que rogaba por sus besos. Le daría lo que ella quería, pero lo haría como había soñado hacerlo. Sin prisas, no esta vez.
Cuando su lengua chasqueó contra su clítoris, sus caderas se sacudieron, arrancándole un suave gemido que atravesó el estanque. Sonrió, y deslizó sus dedos dentro de ella. —Estás tan caliente y húmeda para mí, mi ______.
Ella susurró su nombre, mientras él tomaba su dura protuberancia entre sus dientes y chupaba, moviendo más rápido su lengua, igualando el ritmo con sus dedos dentro de su estrecho pasaje. Soltó su botón, levantó su mirada hacia su cuerpo, sus caderas se movían al ritmo que él había creado. —Córrete para mí, ______. —Frotando nuevamente el rostro contra sus resbaladizos labios. Acarició su clítoris, antes de tomarlo, chuparlo y lamerlo nuevamente.
Subió sus rodillas alrededor de su rostro, y gritó alto, arqueando su espalda. Su sabor, rico y caliente, y un poco picante, atravesó su lengua, y eso sólo lo dejó con hambre de más.
Deslizó sus manos desde sus rodillas hasta su cadera, poniéndose sobre ella para poder mirarla a los ojos. Su pecho agitado, luchando por respirar, sus dedos, aun enterrados en ella, los movió para poder sentir como se apretaba entorno a ellos en respuesta.
—Son dos, te debo aun unos cuantos más.
—Es una deuda que, si es en serio que quieres pagarla, podrías tardar bastante.
—Supongo que tienes razón. —Él se llevó uno de sus pezones a su boca, mientras apretaba el otro entre sus dedos índice y pulgar. Ella se movió en respuesta.
—Tenemos toda la noche, quiero ver tu cuerpo.
Era una petición que estaba feliz de cumplir. Una vez que estuvo desnudo y se deslizó el condón, la atrajo contra sí. Sólo la sensación de sus senos, presionados contra su pecho, y sus brazos estrechamente a su alrededor, hizo que su corazón saltara.
Tanto tiempo.
Había querido abrazarla desde hacía tanto tiempo.
Hundió su rostro en su cuello, besando la suavidad de su piel, Inhalando su esencia.
Sus hábiles y delgados dedos, arrastrándose a través de su carne, reaprendiendo la topografía de su cuerpo.
Cuando ella tomó su polla, esta se sacudió en su mano, incapaz de resistirse a la sensación de su tacto.
Adorándola, comenzó por su cuello, abriéndose camino a través de su clavícula, hasta sus pechos.
!Hombre¡ Extrañaba sus tetas.
Una vez que ella se retorcía debajo de él, la tocó de nuevo, buscando su humedad, disfrutando de cómo se arqueaba.
Con urgencia, la acercó. Estaba feliz de hacerlo, moviéndose entre sus piernas antes de que estas se cerraran alrededor de sus caderas, y luego se hundió en su calor.
Capturó su boca, y se tragó su gemido, sus lenguas se enredaron mientras comenzaron a moverse.
Planeaba ir despacio.
Planeaba tomarse su tiempo.
Sus uñas se clavaron en su espalda, sus caderas se sacudían contra él, haciendo que se moviera más rápido. Girando sus caderas, sintió que todo su cuerpo se tensaba, los músculos de su vagina apretada y húmeda se cerraban alrededor de él, mientras otro orgasmo sacudía su cuerpo.
Luchando contra su propio clímax, interrumpió el beso y apretó su mandíbula.
Y entonces ella se movía de nuevo, todos sus mojados músculos apretados alrededor de él, haciendo volar cualquier pensamiento racional de su mente.
Sus dedos se deslizaron entre ellos, provocando el nudo de nervios, y sintiendo las réplicas ondular a través de sus músculos.
Él se corrió. Su propio orgasmo parecía comenzar en los dedos de sus pies produciendo espasmos en cada musculo de su cuerpo, empujando dentro de ella, mientras las suaves manos de ellas acariciaban suavemente su espalda, su trasero, salpicando besos en su hombro.
Sus brazos temblaban cuando se desplomó a su lado, abrazándola junto a su cuerpo, con la última fuerza que le quedaba.
Sosteniéndola, intento recordar como respirar.
—Entonces —susurró ella.
—Sí.
—Eso estuvo bien.
Giró la cabeza para encontrarse con esos risueños ojos color chocolate.
—¿Bien?
Ella rió, por un momento tenía el aspecto de la chica despreocupada que recordaba.
—¿Piensas que estuvo bien?
—¿Muy bien?
—¿No estás segura? —Él atrapó sus labios, sorprendido de que aun después de haber tenido un sexo que le voló la cabeza, su sabor era suficiente para dejarlo un poco mareado.
—Estoy segura, estuvo muy bien.
—Bueno, si la primera ronda estuvo bien, espera a ver cómo será la segunda.
—¿Segunda ronda?
—Sí, Bigfoot. Te he extrañado. Y no estoy cansado aun y no voy a ninguna parte. Puede que haya sido un cobarde antes, pero estoy aquí ahora y tenemos tiempo para compensar. —Su cuerpo se despertó, y su polla se endureció.
—¿De nuevo?
—¡Oh sí! de nuevo
—!Ay Dios¡ —Sus mejillas se sonrojaron y sonrió, una suave curva en sus labios llena de seducción—. Bueno, esta vez voy a estar arriba.
—¿Tú crees?
—Pensé que podíamos cambiar un poco. No quiero que te aburras.
—Te haré saber si me siento aburrido. —Sus dedos comenzaron a vagar a través de su piel.
—Si no estás aburrido… ¿Cuántos condones trajiste exactamente? —su voz estaba sin aliento mientras comenzaba a moverse sobre él.
Su risa retumbo desde su pecho, sintiéndose más liviano de lo que lo hizo en años, mientras miraba sus ojos.

CAPITULO # 18.-*

7 de Febrero de 2014

______,
Bill vino a verme. Nos sentamos toda la noche hasta que el sol salió, y en verdad hablé con él… como solía hablar contigo.
Le dije que te extraño, Bigfoot. Incluso si eres una idiota testaruda que todavía no me ha escrito de vuelta. Aunque nunca puedas perdonarme.
Te extraño demasiado para permanecer lejos más tiempo.
Para ponerlo en las palabras del icónico Ozzy (sabía que te encantaría. Sabes, el concierto estuvo buenísimo. Incluso si se burló de tu precioso Alanis), Mamá, voy a casa5.

5 Canción de Ozzy Osbourne: de título original: Mama, I'm coming home.

Así que, sí, de cualquier manera voy. Prepárate.
Quiero ver si todavía sientes algo por mí. Y si todavía me siento de la forma en que solía hacerlo por ti. Quizá, finalmente pueda sacarte de mi interior.
Tal vez podamos finalmente tener nuestro "fueron felices para siempre".
De una forma u otra, nuestro momento es ahora.
Estoy esperando que estés lista para mí.
Oh, por cierto… no tienes que usar ropa interior. No se lo diré a nadie.
;)
Con amor, como siempre.
T.

Tom despertó solo. Un gallo de la granja al otro lado del lago cantó, un grito posesivo que hizo eco sobre el agua y dentro del brillantemente colorido cielo colgando sobre él.
Rodando, la buscó. Sus ropas habían desaparecido. Ella lo dejó. Después de todo, el hecho de que ella le hiciera el amor toda la noche y desapareciera antes de que el sol tiñera el cielo no debería doler.
Pero lo hizo. Metiendo una mano por su cabello, se dio cuenta, finalmente, que era un completo idiota.
Todo el mundo podría bromear de él siendo el Novio Fugitivo del Condado de Ashtabula, pero en realidad, había estado persiguiendo el fantasma de _____ durante más años de los que se atrevía a pensar. La amaba, esperó por ella, desnudó su corazón ante ella.
Y esta mañana, ella se fue.
No había una nota en el compartimento de su camioneta. Nada que mostrara que ella había pasado la noche en sus brazos, gritando, clavándole las uñas en su espalda, respondiendo a su necesidad por ella de manera que esta ardía tan ansiosa al final.
Nada.
Como siempre, estaba solo.
—Basta ya de esta mierda.
Golpeando la puerta de su camioneta, escupió grava con las llantas de la camioneta mientras volvía al pueblo.
Si ella se fue a este extremo, que así fuera.
Se acabó el caminar a su alrededor con la cola entre las patas como algún pobre, patético perro en celo, persiguiendo una perra que no lo quería.
Era hora de que ella viera cómo se sentía girar en el viento. Sabía lo que sentía por ella. Sabía dónde estaba. Si lo quería, sabía dónde encontrarlo.
Y si él lloraba un poco, bueno, al diablo. Ella leyó las cartas. Él le desnudó su corazón. Ella, de entre todas las personas debería entender que a veces los hombres también lloran.
Jodidamente sí lo hacen.

Acurrucada en el cuerpo de Tom, ella sentía nada más que la serenidad reflejada por la naturaleza a su alrededor. Él pánico se curvó en enfermizos nudos en su estómago. Esto no funcionaría. Él se iría otra vez. Ella no le había mentido. Leyó todas las cartas. Todas y cada una. Cada una hablaba de un amor que la hacía llorar… mucho. Pero eso no había sido suficiente. Al final del día, no había sido suficiente para mantenerlo y él se había ido.
Así que se lo llevó en su cuerpo ya que, realmente, nunca lo sacó de su corazón. Ella podría haberse engañado durante un tiempo. Podría haberse casi convencido de que lo odiaba, que él la lastimó lo suficiente para que nunca lo perdonara.
Pero todo eso estaba cubriendo la terrible verdad. Ella lo amaba más de lo que nunca amó a nadie o nada, y aceptó que ella no era suficiente para preservarlo.
El hombre de sus años de adolescencia se había ido, le demostró una noche de amor, y él no era un idiota, demostrado en miles de cartas. Pero ella no era suficiente para él, la prueba está en que él la dejó una vez. En este momento, esta instantánea en el tiempo, él era suyo. Su olor la rodeaba tanto como su calor lo hacía.
Sabiendo que se iba a ir y quedarse para verlo eran dos cosas muy diferentes. Ella agarró sus ropas, se las puso y caminó de puntitas lejos, sólo mirando atrás una vez a su figura todavía durmiendo. Su corazón se retorció en su pecho. Mejor irse ahora, mientras él estaba dormido, que ser lastimada cuando la dejara.

Y si lloraba un poco en el camino de regreso al pueblo, no era gran cosa. Después de todo, lloraría mucho más si se quedaba alrededor para conseguir atarse más sólo para que él se fuera otra vez.



HOLA!!! BUENO DIGANME .. ALGUIEN QUIERE GOLPEAR A LA ESTUPIDA ____ POR DEJAR A TOM SOLO? YO SI ;) .. BUENO YA PRONTO ACABARA SOLO FALTAN DOS ACTUALIZACIONES Y TERMINA ... HASTA PRONTO Y YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO ... HASTA PRONTO :))

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