domingo, 20 de diciembre de 2015

.- runaway (huir) .- #1 y #2

CAPITULO # 1.-*
7 de julio de 2005
______:
Estoy sentado en un restaurante en el desierto. El sol se asoma sobre la montaña iluminando todo con esos tintes tan brillantes que casi me duelen los ojos. Nunca has sentido un calor como este, todo seco, nada como los días que fuimos a nadar en el estanque de Watkin...
Realmente no sé por qué te estoy escribiendo. No tengo respuestas y en este momento es probable que las desees. Sólo sé que no podría hacerlo.
Te echo de menos, sin embargo.
Con amor, T.
Con los nudillos blancos, _____ metió su destartalado Ford Focus en el aparcamiento, y miró a su mejor amiga. —No puedo hacer esto.
—Cobarde. —Aplicándose una capa de lápiz labial en sus exuberantes labios rojos en el espejo, Carnie le lanzó una mirada—. Puedes hacer esto. No es como si estuvieras a punto de enfrentarte a un pelotón de fusilamiento. Es sólo una hoguera.
Pasándose la mano por su castaño pelo corto, al estilo pixie, _____ dejó escapar un suspiro de frustración. —Prefiero enfrentarme a un pelotón de fusilamiento. Si te abandonan para salir corriendo con tu nuevo novio...
Carnie le lanzó una mirada asesina, metiendo su cabello rojo detrás de su hombro.
—Nunca haría eso. Sé cómo te cabreas cada vez que vamos a cualquier lugar en el que Tom podría estar. En realidad, sin embargo, no pasa nada. Esa mierda pasó hace mil años. Eres adulta ahora.
_____ no se sentía como una adulta. Se sentía como una adolescente rechazada incluso pensando en Tom Kaulitz.
No ayudaba que él se hubiera vuelto más atractivo con la edad. Desgarradoramente guapo, Tom hacía que sus muslos se apretaran con sólo una mirada. Necesitaba recordar el dolor y la humillación en lugar de sentirse provocada en ir a la cama con él. Era mejor recordar el dolor de su pecho, el cegado terror cuando la abandonó y desaparecido en lugar de recordar su cara como una máscara de pasión desatada y sus ojos verdes salvajes por la necesidad. De manera que mantendría sus rodillas juntas.
El terror de ese momento, fue algo que no había compartido con nadie, ni siquiera con Carnie.
Recordarlo le daba la fuerza que necesitaba para mover los dedos del volante. —Tienes razón, por supuesto. Puedo hacer esto. No es gran cosa. Los dos somos más maduros ahora. Probablemente ni siquiera me dirija la palabra. —Lo último salió con un poco alentador, incluso para sus propios oídos.
—Sí, en la hoguera de su cumpleaños, no va a decir ni una palabra a la mujer con la que salió durante años y abandonó en el altar como una hogaza de pan duro. Realmente, ___, necesitas enojarte en lugar de sentirte molesta. Eres completamente la parte dañada aquí.
—Tendría sus razones. Estoy segura de eso. —¿Por qué defendía al idiota?
—¿Qué razón podría ser lo suficientemente buena para semejante acto de insolencia? —Carnie levantó una ceja bien depilada—. Además, estos son nuestros amigos. Necesitas recordar por qué estamos aquí. Él te dejó. Desapareció. Esta es nuestra ciudad. Vas a ir hasta allí y mostrarle lo que se está perdiendo. A restregarle en el rostro lo que no puede tener.
—No lo sé. En realidad no fue un idiota... no la mayoría de las veces.
—Vamos a ir a buscar a Mike y al equipo, y a pasar un buen rato. Todos nuestros amigos de secundaria están aquí y será bueno ponerse al día con ellos.
Asintiendo, con el estómago todavía con un pequeño nudo, _____ abrió la puerta y salió a la bochornosa noche de Ohio. Las estrellas colgaban como diminutas linternas encima del campo recién segado y el sonido de la risa sonaba en la brisa. La hoguera, una enorme conflagración, estaba rodeada de lo que parecían ser cientos de sillas plegables, refrigeradores y otra miscelánea de cosas de fiesta que tentó a _____ a seguir hacia adelante. ¿Quién sabe? ¿Tal vez conocería alguien nuevo y estaría realmente feliz de los cinco minutos de más que perdió para asegurarse de estar bien depilada y limpia?
Carnie se dirigió con su habitual impulsiva valentía en el cuerpo a cuerpo. _____ metió las manos en sus pantalones vaqueros y se negó a agachar la cabeza para evitar cualquier mirada que pudiera venir en su dirección. En cambio, mantuvo la cabeza en alto, pero se negó a mirar a nadie a los ojos. En el pequeño pueblo de Ohio, todo el mundo sabía que no había visto a Tom desde aquel fatídico día cuando él la dejó allí de pie, con las flores en la mano, esperando a un novio fugitivo. Todo el mundo sabía que en vez de casarse con ella, el chico Tom -el héroe dorado del fútbol–había huido con rumbo desconocido, y que ella no había oído hablar de él, ni lo había visto, hasta hacia unas semanas cuando él había llegado a la ciudad.
Sólo había regresado a casa para ayudar a su padre con su tienda de herramienta, después del derrame cerebral de su padre le dificultara al anciano moverse como lo hacía antes.
Todo el mundo la observa para ver cómo lo manejaría.
No les daría un espectáculo para murmurar durante la próxima década. Actuaría como si fuera una historia antigua, como si no hubiera pasado años preguntándose cómo un hombre podía pasar de decir que la amaba a querer dejarla sola contra todo un enjambre de chismosos que no tenían nada mejor que hacer que desgarrarla en pedazos por ser lo suficientemente estúpida para pensar que él se quedaría.
Se concentró con todas sus fuerzas en lo que no lo haría, y detuvo un abrupto contra un pecho firme.
Su firme pecho. Tom. Olía igual, maldita sea.
Incluso con el olor de la madera quemada, la madurez del verano y el amargo sabor de alguien que derramó cerveza, ella inhaló su jabón, su familiar colonia y debajo de todo eso, simplemente a Tom.
Se le cerró el estómago. Parte de ella quería exigirle respuestas. Una parte de ella quería alejarse corriendo. Una parte de ella quería tirar su cara hacia abajo y darle un beso, porque le había echado mucho de menos.
En cambio, se escondió detrás de una armadura de educada civismo y soltó una breve inclinación de cabeza aguda. —Tom.
—_____. —La palabra salió casi como una súplica. Sus ojos tenían una mirada triste que ella identificó rápidamente. La compadecía. Maldito fuera dos veces—. Feliz cumpleaños.
Y a pesar de que se prometió a sí misma que no iba a darles a todos un espectáculo, que se prometió a sí misma no alimentar las fábricas de rumores...
El sonido de su bofetada resonó a través del campo. Incluso a la luz parpadeante de la hoguera, la huella de su mano marcó su mandíbula fuertemente y no pudo ignorar el placer que le daba. El silencio pareció repartirse en la noche mientras él se tocaba la mejilla. Tenía la boca abierta, el shock onduló a través de ella mientras su mirada se quedaba fija en la suya.
—Me lo merecía. —El timbre de su voz pareció acariciar su piel, provocando un potente cóctel de emociones -de lujuria, de amor, la furia y el dolor. La peor parte fue el disgusto consigo misma por sentir algo.
—Te mereces algo peor.
En lugar de discutir con ella, lo que casi la hubiera hecho sentirse mejor, como si significara algo para él, se limitó a asentir. —¿Quieres ir a algún lugar para hablar?
Carnie intervino, tomando el brazo de _____. —Realmente creo que se ha dicho bastante. Vamos, ____, vi a Mike. Feliz cumpleaños, idiota despreciable.
Su mejor amiga la arrastró lejos. El sonido regresó de prisa mientras todo el mundo parecía comenzar a hablar a la vez.
—Mierda, mierda, mierda. Carnie, ¿por qué no me detuviste? ¡No voy a poder continuar mi vida después de esto! —Su garganta estaba obstruida con lágrimas de humillación, y trató frenéticamente de tragarlas.
—¿Puedes parar? Mierda, chica, la única cosa que yo habría cambiado en todo ese intercambio sería el hecho de que lo abofetearas. ¿No recuerdas todo el tiempo que pasé enseñándote cómo lanzar un golpe decente?
Una risa histérica burbujeó en su garganta y Carnie colocó una cerveza en mi mano.
—¿Crees que debería darle un puñetazo también?
—Por mí no te detengas. —Carnie se encogió de hombros, curvando sus labios en una sonrisa.
—Eso se sintió bien —admitió _____—. Tan bien como algo poderoso.
La sonrisa de Carnie se ensanchó. —Por supuesto que sí. Has estado acumulando mucho dolor durante demasiado tiempo. Ahora, has tenido el momento de enfadarte, así que aguántate y sigamos con lo planeado. Restriégale por su cara lo que no puede tener. Vamos a quedarnos un buen rato para que puedas demostrarles a todos que no te perturba todo esto, ¿estamos?
Exhalando un silbido, _____ no se atrevió a mirar hacia atrás para ver lo que estaba haciendo Tom.
—Sí, vamos a divertirnos.

CAPITULO # 2.- *
24 de diciembre de 2005

______,
Es víspera de Navidad y compré algo para ti. Es estúpido, ¿verdad? Pero estaba en la tienda y vi este pequeño dije de una mariposa y recordé que me dijiste que las mariposas eran un signo de la visita de tus parientes muertos o algo así... Voy a ser honesto, no recuerdo toda la historia. Pero me acordé de que se trataba de una mariposa y esta era tan vibrante, como una mariposa en vivo engarzada en plata y de colores, así que tuve que comprarlo para ti. Probablemente te dejará manchas verdes en el cuello. No compré una cadena. Espero que te guste de todos modos.
Es raro pasar las vacaciones sin tu mejor amiga. A veces estoy un poco enojado contigo. Quiero decir, ¿por qué no lo viste, tú más que nadie, lo mucho que me estaba volviendo loco? ¿Por qué no dijiste algo, cualquier cosa, para buscar una solución?
No sé.
Supongo que lo importante de todo esto es que todavía echo de menos a mi mejor amiga. Incluso si apestas.
Te quiero de todos modos.
T.

Tom se resistió el impulso de frotar el lugar donde ______ lo abofeteó. Picaba muchísimo. Ella tenía un gran brazo, y al parecer una gran cantidad de ira detrás de él.
Sabía que iba a estar molesta. Él la dejó. Pero aun así...
Esperaba más de ella. Después de tratar de comunicarse durante años sin respuesta por su parte, tal vez no debería haberlo hecho. La dejó y a la vida que tan cuidadosamente había planeado juntos durante años, sin ninguna explicación sobre todo porque no tenía respuestas para sí mismo, no durante mucho tiempo. Hacía muy  

poco que había averiguado por qué lo había hecho. Y el hecho de darme cuenta todavía no me hacía sentir cómodo.
Mirando hacia atrás, fue un cobarde y una mierda, y no merecía su perdón. ¿Cómo iba a explicarle lo que él mismo no entendía? ¡Oh, Las estupideces que había hecho cuando era joven... pero ya no era un niño!
No podía creer que lo bofeteara. Le molestó, no sólo físicamente, y luchó contra su propia ira. Después de todo, estaba aquí para sacarla de su sistema, de una manera u otra. La quería, la había deseado durante tanto tiempo como podía recordar, pero tal vez si permanecía furioso, podría superarlo. Lo dudaba.
Diez años y aún no la había superado. Ninguna mujer había ocupado el hueco que _____ había dejado en su vida.
Una mano golpeó sobre su hombro, y Tom miró a su mejor amigo. —Bill.
—Oye, imbécil, parece que te encontraste con un viejo amor. Te dejó bastante caliente también. ¿Estás bien? —Bill era la única persona en este pueblucho de mala muerte que sabía la verdad. Era el único que había estado allí cuando la vida de Tom se convirtió en un vórtice de succión.
Bill también había estado allí la noche en que cometió el mayor error de su vida.
—No y no importa.
Bill meneó la cabeza. —¿De verdad crees que puedes arreglar el pasado ahora?
Bill tenía razón. Tom estaba intentando lo imposible. Pero iba a hacer todo lo que se necesitara para ganar su regreso, incluso esperar. De una forma u otra, no huiría más.
Quería hablar con ella de nuevo. Quería ver cómo gran parte de la chica que recordaba, tan vibrante a los dieciocho años, sobrevivió y se convirtió en la mujer que parecía tan confiada y sexy, incluso alterada, unos momentos antes. Era más fácil estar lejos cuando ella era un recuerdo distante. Se convenció de que no podía ser tan hermosa, que no tenía sentimientos tan fuertes por ella como recordaba.
Estar frente a ella era un asunto completamente diferente.
Sus ojos, oscuros y misteriosos, todavía lo absorbían. La curva de su mejilla, el sabor de su boca...
Tantas cosas que haría de manera diferente ahora.
Él nunca le hizo justicia, no realmente. Era joven, y tocarla había sido suficiente para ponerlo duro como una roca. No entendía las mujeres o lo que querían o necesitaban cuando era poco más que un insignificante mocoso.
Sabiendo eso, pasó años aprendiendo cómo hacer a una mujer suspirar, cómo hacer a una mujer rogar, cómo hacer correrse a una mujer con tanta intensidad que sus piernas temblaran.

Pero ninguna mujer le hizo perder el control como ______ lo hacía con una inclinación de sus labios y frunciendo su ceño.
Sin importar a quien tratara de encajar en el molde fundido de su amor por ella, ninguna estuvo a la altura. Sólo ______.
Al recordar cómo la sujetaba no hizo nada bueno para su libido, por lo que tomó un largo trago de su cerveza y la buscó entre la multitud. Ella se rió de algo, con su cabeza echada hacia atrás. Su cabello oscuro brillaba en la luz del fuego. Carnie, su mejor amiga de toda la vida, jugaba de guardiana y le lanzó una mirada asesina, pero no podría estar de guardia toda la noche.
Al fin y al cabo habría algún un momento en el que _____ se quedaría sola.

Sólo tenía que ingeniárselas para que hablara con él cuando llegara ese momento.


HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS DOS PRIMEROS CAPITULOS ... COMO PODRAN VER EN EL COMIENZO TOM NARRARA LAS CARTAS QUE LE HA ESCRITO A LA ____ DESDE QUE LE DEJO ... Y LUEGO VENDRA EL CAPS ... ESPERO Y LES COMIENZE A GUSTAR LA NOVE TANTO COMO A MI ME GUSTO CUANDO LA LEI ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA EN LA NOCHE ... ADIOS :))

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