CAPITULO
# 21.-*
Algunos
podrían considerar que pensaba con la polla, pero Tom no estaba seguro de que
hubiera un hombre con vida que pudiera haber leído las cartas que recibió de
_____ esta semana y no estar listo para el show.
Cuando
la mujer que amaba le dijo que quería nadar y que estaba caliente...
Se
corrió.
Aparcando
la camioneta en el parque al lado de su pequeño coche rojo, vio, iluminada por
los faros, su cabeza flotando en el agua. La ropa amontonada en la orilla le
hizo preguntarse si ella se habría puesto su traje de baño o si nadaba en su
traje de nacimiento.
Ninguna
de esas ideas ayudaba al hecho de que sus vaqueros se sentían demasiado
apretados.
Apagando
el motor, apagó las luces, se quitó la ropa y se metió en el agua. El barro
succionó sus pies, algas atraparon sus tobillos, hasta que fue lo
suficientemente profundo como para nadar. El agua, fría en comparación con el
calor del día, tranquilizó sus músculos cansados pero no alivió el dolor en su
pecho.
No
podía resistirse a ella cuando eran niños. No podía resistirse a ella a cientos
de kilómetros de distancia. Como un imán, se sentía atraído por ella en el agua
ahora.
—Una
buena noche para darse un baño. —Él trató de usar un tono casual, cuando lo que
realmente quería hacer era cogerla en sus brazos y besarla por todo el tiempo
perdido durante la última semana. La echaba de menos. Estúpido considerando que
había pasado años sin ella, pero cierto, no obstante.
—Lo
es —estuvo ella de acuerdo.
—Hay
muchas cosas que tengo que llegar a conocer acerca de la _____ adulta. —Nadó
más y disfrutó de la forma en que el agua se deslizó sobre sus hombros como una
caricia—. Pero las cartas ayudaron un poco.
—Tenía
la esperanza de que podrían nivelar el campo de juego un poco. —Su sonrisa era
la de una sirena, la tentación en la curvatura de labios—. Esto podría ayudar
también.
Por
primera vez desde que estaba en casa, ella se le acercó. Sus brazos se
envolvieron alrededor de su cuello con la misma facilidad con la que lo habían
hecho hace mucho tiempo. Su boca, con sabor a verano y agua y un poco de pasta
de dientes, cogió la suya y se frotó seductoramente antes morder su labio
inferior. A medida que sus piernas se enredaron debajo del agua, y comenzaron a
hundirse, se acordó de su primer beso en el mismo estanque.
Rayos
de calor cruzaron el cielo, iluminando su rostro, cuando se separaron para
tomar aire.
—Te
extrañé —susurró.
Apoyando
su frente en la de ella, sonrió, su corazón retorciéndose cuando ella frotó su
nariz contra la suya. —También te extrañé, Tom.
Suaves
besos, excitantes, fueron salpicados a través de su mandíbula y su cuello, y
sus dedos se deslizaron por su espalda arrancando todo pensamiento de él.
—Te
extrañé. Te amo. Hay tantas cosas que he querido decirte, pero tenía miedo.
Corriste porque estabas asustado, pero yo estaba asustada también.
—¿En
serio?
—Sí.
Él
inclinó la cabeza, consiguiendo un buen ángulo para mordisquear su camino hasta
el punto sensible detrás de su oreja que siempre la hacía retorcerse.
—No
tengas miedo de mí, ____.
—No
puedo prometer eso.
La
sensación de ella, viva y en movimiento en sus brazos, lo tenía tan necesitado
que pensó que podría estallar.
—Pero
sí puedo prometer que no voy a correr otra vez —susurró.
—Yo
tampoco.
La
tomó en sus brazos, arrastrándola fuera del agua. Llevándola a la parte trasera
de su camioneta, tiró una manta fuera de la cabina. La extendió a través del
metal oscuro.
—No
voy a ningún lado esta vez. Las promesas que te hice hace mucho tiempo...
realmente quería decirlas. Puede que te haya dejado, pero tú nunca me has
dejado, ____. No realmente. Te llevé conmigo en cada paso.
—Me
haces llorar. Y no voy a ser una de esas chicas débiles que van por ahí
llorosas porque dijiste algo locamente romántico, lo sabes, ¿verdad?
—Pero,
¿me crees?
Encogiéndose
de hombros, ella le sonrió. —Creo que podemos intentarlo. Si te vas, bueno,
valdrá la pena el tiempo que hayamos tenido. No estoy dispuesta a renunciar a
los momentos que podríamos tener sólo porque tenga miedo de los que no
tendremos.
Con
un suave movimiento, la inclinó sobre la puerta trasera, con las piernas
abiertas, metal frío contra sus pechos y estómago cuando la manta se amontonó.
—¡Oye!
—Está
bien si quieres hacerme trabajar por ello. Soy un hombre y puedo ser paciente,
sobre todo porque eso significa que puedo jugar con tu pequeño cuerpo sexy.
Parece que podría tomar un tiempo, pero voy a quedarme y continuar con el plan
A.
Un
fuerte golpe contra su trasero la tuvo tratando de darse la vuelta, a pesar de
que sus ojos se calentaron y que podía oler su calor desde aquí.
—¿Qué
estás…? —Su mano en la base de su espina dorsal se lo impidió.
—El
Plan A consiste en darte todos los orgasmos que te perdiste y quedarme por aquí
hasta lograr darte los dos anillos que tenía la intención de poner en tu dedo
desde hace tanto tiempo.
Una
de sus manos le dio un empujón para abrir sus piernas y la encontró como un
misil de detección de calor aterrizando en el blanco; lamió una línea hasta la
hendidura de su cuerpo. Un gemido escapó mientras ella vacilaba entre alejarse
o frotarse contra su cara.
—¿Matrimonio?
¿En serio?
—Matrimonio,
de verdad.
Se
detuvo sólo el tiempo suficiente para decir eso antes de sumergirse entre sus
piernas. Su sabor era algo con lo que había soñado muchas noches solo en su
cama. Nada sació su sed de ella cuando se había ido. Ahora, deslizando su
lengua entre sus piernas, era un hombre hambriento e iba a conseguir llenarse.
Cuando
la instó, ella estuvo más que dispuesta a cooperar.
—Coge
la parte superior de la cabina.
—¿Qué?
¿Tú…? —Un relámpago iluminó el cielo, mostrándole claramente que lo deseaba.
—Coge
el techo de la cabina con las dos manos. Arrodíllate en la cama de la
camioneta.
—Una
tormenta se acerca... —Poniéndola en posición, la tumbó de espaldas en el
camión; se ubicó por encima de ella y comenzó a trabajar de nuevo.
—Joder
—dijo entre dientes, sus caderas moviéndose.
Hizo
una pausa, frustrándola como la mierda por la expresión de su cara. —Te dije
que he estado deseando que montaras mi cara. No estaba bromeando acerca de
ello.
Jadeante,
ella no tuvo palabras. Con vistas al estanque, estaba dispuesta a hacer lo que
él quisiera. Pequeñas olas se estrellaron en la playa y poco a poco la llevaron
hasta arriba... y más arriba.
La
tormenta en su interior se construía igual que la natural alrededor de ellos.
Se estrelló en su interior, deslizando toda lógica y dejando sólo la sensación.
Corría con el tumulto de la tormenta e iba hacia un pico afilado.
Su
lengua se serpenteaba de una manera que no había pensado posible. Sus dedos se
deslizaron dentro suyo, golpeando ese punto, el punto delicioso, y revoloteando
allí, extendiéndola ampliamente mientras amamantaba en el punto más duro,
caliente de placer, mientras ella tenía sus dedos deslizándose, en busca de
agarre. Montó su cara, sin importarle si sus pechos rebotaban bajo los
relámpagos o si alguien la estaba mirando o si ella lo asfixiaba. Estaba tan
condenadamente cerca...
Y
entonces la tiró hacia abajo, penetrándola en un movimiento que hubiera
parecido un poco arriesgado si no se hubiera dirigido a llenarla con su polla,
dura y tan decadente que su cabeza cayó hacia atrás por el placer añadido.
—Tom.
Su
nombre fue todo lo que pudo decir mientras la levantaba y se hundía de nuevo
una y otra vez, sosteniendo su peso para que sus rodillas no se estrellaran
contra el camión y levantando sus caderas para moverse más profundo dentro de
ella.
Un
pulgar se abrió paso entre sus labios afeitados para atrapar y frotar su
clítoris y, combinado con la presión de su polla conduciéndose dentro de ella,
la hizo convulsionarse en el borde en que la tenía. Manos, esas enormes manos
que habían sobrevivido durante años en su fantasía, acariciaban su espalda,
tranquilizándola mientras su sudor se enfriaba en el aire de la noche caliente.
—Ese
es otro.
Dando
un manotazo a su pecho, se levantó para mirarlo a los ojos risueños. —¿En
serio? ¿Vas a hablar de eso cada vez que me hagas correrme?
—Hasta
que creas que estoy jugándomelo todo para tenerte hasta que la muerte nos
separe, infiernos que sí.
—Estás
más seguro de ti mismo, de repente.
Su
sonrisa tocó algo dentro de ella, calentándola. Su mano se acercó a tocarle la
cara. —Es porque te tengo a ti de nuevo. ¿Recuerdas lo que solía decirte cuando
éramos niños, mucho antes de que te crecieran tetas, cuando jugábamos en la
casa del árbol y teníamos aventuras imaginarias?
El
recuerdo volvió, ordenado por sus palabras, y su corazón se volcó un poco en su
pecho. —Decías que podríamos hacer cualquier cosa mientras estuviéramos juntos.
—¿Quieres
tener una aventura conmigo, _____? No más fingir aventuras para nosotros. Esta
vez, la aventura es para siempre y es la vida misma. Atrévete a estar conmigo.
—Tom,
no me atrevo.
Sus
ojos se arrugaron mientras sonreía. —Nunca puedes rechazar un desafío. Te
atreves doblemente.
—Hecho.
Tirando
de ella en un beso, le susurró antes de tomar sus labios—: Este es un
atrevimiento que ambos vamos a ganar.
Por
primera vez en mucho tiempo, ______ se preguntó si felices para siempre sucedía
a veces.
Por
ahora, sus labios la llamaban y ella sintió las primeras gotas de lluvia
repiquetear envuelta en sus brazos.
Tal
vez, sólo tal vez, su caballero de brillante armadura realmente podría ser el
primer chico al que había amado... que se había convertido en un infierno de
hombre.
CAPITULO
# 22.-*
_____, Nos vemos en el mirador,
9 p.m. Con Amor, Tom.
A
pesar de que la breve nota sobre la cómoda no era una de las más románticas, la
guardó. Algún día, si las cosas funcionaban y tenían hijos en cierto modo,
podría compartir la historia de su padre increíblemente romántico y mostrarles
las cartas.
Por
supuesto, no podría mostrarles todas las
cartas. Algunas de ellas serían sólo para sus ojos.
Sonriendo
para sí, algo que no había sido capaz de dejar de hacer mucho últimamente,
______ se dirigió al centro de la ciudad y al mirador.
Encontrar
un estacionamiento resultó ser prácticamente imposible. Algo debía de estar
sucediendo en la ciudad. ¿Venta de farolas? Podría jurar que era en el otoño,
pero...
Mientras
se acercaba al mirador, parecía como si toda la ciudad se hubiera reunido allí,
sentados en sillas de jardín, en suspense, como si estuvieran esperando algo.
Debía de haberse olvidado de algún evento. ¿El desfile del festival de la
fresa?
La
música sonaba por los altavoces del mirador. Mientras se acercaba, reconoció la
canción.
—Amazed6.
6 Amazed de Lonestar. Amazed significa sorprendido o cautivado.
Aún más
cerca, se dio cuenta que habían pétalos de flores esparcidos sobre la acera.
La
gente la estaba mirando ahora, como… mirándola realmente. Se sentía como si
estuviera caminando hacia la horca7
7Caminando a la horca: Original inglés “walking a gauntlet” Se le llamaba así al paseo de un condenado
hasta su horca, en el cual era expuesto a las miradas del pueblo.
¿Qué demonios estaba
pasando?
Pero al buscar entre los rostros conocidos
de la multitud, no encontraba al que estaba buscando. Hasta que la gente se
abrió paso.
De
rodillas, dentro la glorieta que estaba llena de flores y con pequeñas
bombillas blancas parpadeando, encontró a Tom.
―Creí que ya no ibas a venir, Bigfoot. Mis
rodillas estaban empezando a matarme.
La
risa retumbó a través de la multitud y me detuve en los escalones, con lágrimas
agolpándose en mis ojos.
―Tom, ¿qué estás haciendo?
No
estaba segura de que la hubiese escuchado. Su voz había salido apenas en un
susurro.
―Ven aquí, ____.
De
algún modo, con sus temblorosas piernas subió por las escaleras. Al detenerse
frente a él, pudo ver cómo sacaba una pequeña caja blanca.
Luchando
contra las lágrimas, trató de ver lo que había en la caja que mantenía abierta
hacia ella. Tuvo que parpadear un par de veces para aclarar su vista. Pudo
imaginarlo antes de verlo, por supuesto. El anillo brillaba hacía ella. Él
debía de haberlo tomado de su joyero.
Años
antes, cuando se lo propuso por primera vez, le ofreció el anillo de su madre.
Dado que la madre de Tom falleció de cáncer de mama cuando eran poco más que
unos niños, sabía lo que significaba el anillo para él.
Después
de que la abandonara en el altar, nunca le vio para devolvérselo. Estuvo
guardado, todos estos años, en su joyero esperando por él. Ahora, se lo ofrecía
de nuevo.
―La primera vez que te lo pregunté, era un
niño. No sabía lo que quería, pero sabía que te quería. Hui asustado. No voy a salir corriendo de
nuevo. Es posible que desees que lo haga antes de que todo esto haya terminado,
pero no te dejaré, _____. Así que, con todos los que conocemos y amamos
alrededor para presenciarlo, me gustaría preguntarte si me haces el honor de
ser mi esposa.
―Primero en el baile de graduación, y ahora
invitas a todo el pueblo. Tom, por favor, dime que no vas a llevar a todo el
mundo a la sala de partos si decidimos tener hijos.
Su
sonrisa fue rápida, pero tenía lágrimas en los ojos. ―Compartes los grandes momentos con los que te importan, _____.
Esta ciudad ha trabajado duro para unirnos. Imaginé que compartiríamos esto con
ellos. ―Levantándose, se inclinó hacia ella―. Pero más tarde, bueno, pensé que si decías que sí,
podríamos celebrarlo a solas.
―¿Tienes un plan para eso también?
―He reservado nuestra habitación de hotel
favorita.
―Qué tipo seguro de sí
mismo, ¿no?
Ahora
las lágrimas inundaban sus ojos y parpadeó más duro para poder verlo.
―Estoy seguro de nosotros. Así que, ¿te
casarías conmigo, _____?
¡Alguien tiene que
hacerlo!
Bromeó
alguien entre la multitud, y _____ trató de parpadear para ver más allá de las
lágrimas quién era. Alguien más agregó―: Deberías haberle dado tu pastel de seducción. No está diciendo que sí,
lo suficientemente rápido.
Sonaron
más risas y Tom tomó sus manos.
―Así que, ¿es eso un sí? ¿Serás la señora
Kaulitz?
―Eso es un sí. ―Él deslizó el anillo en su dedo. Todavía le cabía.
Recogiéndola,
la hizo girar una vez, capturando su boca mientras ella se echaba a reír. El
beso fue lo suficientemente caliente para tener los dedos de los pies
encrespándose en sus zapatos.
―Estoy contento de que contestaras que sí.
Me sentía como que te debía una propuesta mejor. Romántica y esas cosas.
―Sí, porque después de casi cuatro mil
cartas, obviamente necesito más romanticismo.
El
hundió su rostro en su cuello, poniendo sus labios en la piel que encontró
allí. ―Voy a pasar el resto de mi vida seduciéndote,
futura señora Kaulitz. Resulta que soy un tipo muy romántico.
―Me di cuenta.
―También soy muy afortunado.
Agarró
su rostro para un beso, ella lo miró. ―¿Afortunado?
―Sí, tengo a la chica más guapa de la ciudad
la cual estuvo de acuerdo en casarse conmigo, no una sino dos veces. Supongo
que eso significa que estoy haciendo algo bien.
―Adulando llegaras lejos, Sr. Kaulitz.
―Eso espero. Ahora, sobre esa habitación de
hotel...
EPILOGO.-*
______,
Hoy es el primer día del resto
de nuestras vidas.
Sin presiones ni nada.
No puedo verte,
lamentablemente, pero no hay ninguna regla sobre que no pueda dejarte una nota
en tu camerino. Y pensé que como las cartas nos trajeron de nuevo juntos, tal
vez las cartas nos impedirán alejarnos a medida que pasen los años.
Podré verte dentro de poco.
Probablemente me cansaré de mirar tu cara, no sé, en una década más o menos.
Pero justo ahora, te echo de menos. Me he acostumbrado a pasar el tiempo
contigo y saber que no te puedo ver en toda la noche o esta mañana me está
volviendo loco.
Voy a dejarte un regalo con
esto. Es otra mariposa. Todavía no puedo recordar toda la historia de la
mariposa, pero me imagino que probablemente hoy eches de menos a tu abuela. Y
sé que ella querría estar aquí.
Esta pulsera probablemente no
va con tu vestido.
Apuesto que vas a usarla de
todos modos.
Te quiero.
Con Amor, T.
―¿No estás nerviosa? Yo estoy nerviosa.
El
vestido purpura flotaba en el aire, debido al aire acondicionado, Carnie se
removía inquieta y sorbía su granizado de café.
―¿Por qué diablos estás nerviosa?
Girando
los ojos, Carnie agitó la copa. ―Hay equipos de noticias
por ahí.
―El fotógrafo del periódico local apenas
cuenta como equipo de noticias. Además, Buck se encuentra en todas las
funciones que tiene esta ciudad. Trabaja conmigo. ¿Qué es lo que te da miedo?
―Lo sabes tan bien como
yo, tiene la esperanza de conseguir hoy un titular.
_____ sonrió. No
creía que consiguiera ninguna.
La señora Watkin
entró en la habitación, con olor a flores y con lágrimas en los ojos. ―¡Oh, te ves tan hermosa! A tu abuela le
habría encantado ver esto.
―Estoy segura de que
ella puede verlo. Probablemente su espíritu esté en primera fila.
La señora Watkin
limpió una lágrima en su ojo. ―Espero
que esto signifique que Tom y tú aprenderéis a poneros ropa cuando nadéis.
Harold y yo, tratamos de hacer la vista gorda, pero... bueno, con los niños.
_____ y Carnie
intercambiaron una mirada de asombro. ―¿Lo
sabías?
La señora Watkin
ahuecó el tisú hacia ella. ―Cariño,
todos los niños de este pueblo han nadado desnudos en aquel viejo estanque en
algún momento u otro. Y Harold consiguió unos prismáticos hace años, para
asegurarse de que nadie se ahogaba...
El calor inundó
las mejillas de _____.
―No hay nada más
hermoso que una novia ruborizada. ―La
señora Watkin rió entre dientes.
―¿Lista? ―preguntó Carnie.
_____ asintió.
Pasando hacia la
puerta de entrada, vio a Carnie desaparecer por la esquina. Nadie le regaló
este momento. Era una mujer adulta. Si se iba a casar, y era porque ella lo
había decidido, no porque alguien más tuviera que entregarla.
Por un momento,
contuvo el aliento. Los recuerdos del día de su primera boda le inundaban.
Los recuerdos de
toda una vida atrás. De trepar a los árboles, la pesca, sentada en las casas de
los árboles y de inventar historias sobre algún día.
Hoy es algún día.
Siguió a Carnie y
a Gracie al centro de la pasarela y se reunió con sus ojos.
Tom está
esperando, con aspecto elegante e incómodo a la vez, en su esmoquin. Bajando
por el pasillo hacia él, tenía la sensación de que estaba caminando sobre una
nube de aire.
Todo ello condujo hasta hoy.
Tom y ella
tendrían días malos, lo sabía, pero no importaba, porque si quieres a alguien,
te quedas para los días de mierda y los buenos.
Tomo su mano y
miró hacia abajo. Sus ojos, un poco arrugados en las esquinas ahora,
sonriéndole a ella y devolviéndole la mirada.
―Al diablo con la
espera.
Apartando hacia atrás el velo, él le inclinó su
cabeza hacia atrás y tomó sus labios. La sensación de su boca hizo lo mismo que
le hacía hecho desde la primera vez. Su cabeza le daba vueltas, su corazón se
acelera y su alma se emociona.
Rompiendo el
beso, de nuevo se encontró con su mirada. ―Hemos esperado toda la vida
para esto. Pensé que no debería tener que esperar a que el ministro me dijese
que puedo besarte. ¿Te parece bien?
Tirando de
él hacia abajo para saborearlo deliciosamente otra vez, susurró a su vez―: No hay que esperar. A partir de ahora, vamos a vivir.
Las cosas no
funcionan perfectamente. Probablemente tendrán su parte justa de los días malos
mezclados con los buenos.
Pero juntos,
lo bueno sería mucho mejor. _____ estaba dispuesta a correr el riesgo.
Sin
dudarlo, cuando llegó su momento ella respondió―:
Si quiero.
HOLA!!! BUENO ESTE ES EL FINAL ... ESPERO QUE HAYAN DISFRUTADO DE LA NOVELA ... AHORITA MISMO HAGO LA PAG Y AGREGO LOS CAPITULOS QUE CORRESPONDEN ... SOLO TRES SEGUIDORAS QUEDAN PERO A ESAS TRES SE LO AGRADEZCO MUCHO .. ESPERO QUE SIGAN USTEDES AQUI CONMIGO ... HASTA PRONTO Y GRACIAS POR LEERLA :))
CREDITOS A:
AUTORA: VIRGINIA NELSON
PERSONAJES ADAPTADOS Y REALES:
_____: ABIGAIL
TOM: BRAXTON DEAN
BILL: LOUIS
CREDITOS A:
AUTORA: VIRGINIA NELSON
PERSONAJES ADAPTADOS Y REALES:
_____: ABIGAIL
TOM: BRAXTON DEAN
BILL: LOUIS
Amee la fic! Estuvo hermoso
ResponderEliminarEspero la siguienteee.. :)
Estuvo preciosaaaa la historia♡♡
ResponderEliminarEspero la próxima!
Muchas gracias Vicky por publicar!!!
Que bella la historia *.*
ResponderEliminarEspero la proxima :)