CAPITULO
# 7.-*
14 de febrero de 2009
______,
Se siente como que si te hubiera extrañado siempre ahora.
Feliz Día de San Valentín, cariño.
T.
Ajustándose
de la falda por cuarta vez, _____ se tambaleó un momento sobre los incómodos
tacones antes de estabilizarse y dejó escapar un suspiro. ―Esto no es una gran cosa. Puedo con esta reunión. Probablemente él
no estará allí.
―Hablar sola es un signo que te estás volviendo loca. ¿Estás loca por mí, _____?
―Su voz la hizo girar sobre sus talones para enfrentarse a él.
Miró
a Tom. ―¿Por qué estás aquí?
―Bueno... ―abrió la puerta frente a ella, deslizando una mano en su cintura
para guiarla hacia la
sala de conferencias... —Ahora soy un importante miembro de la Cámara de
Comercio. Eso me convierte en parte del comité de planificación del festival
del puente cubierto.
Tendría
que trabajar con él si trabajaba en el comité. No podía. Necesitaba detenerle ―No tienes por qué estar. No estáis obligados a formar parte del
Comité. Ambos lo sabemos. Podrías optar o…
―Tom. ―Una alegre voz los interrumpió y _____ se volvió hacia el juez
Hannigan. Desde hace mucho tiempo el jefe de la comisión de fiestas del puente cubierto, el
juez también fue novio de su madre en la escuela secundaria.
―Buenos días, Bob. ¿Recibiste mi correo electrónico?
Tom
no solamente llamaba por su primer nombre al juez, ¿también le enviaba correo
electrónico?
Eso
no podía ser bueno.
―Lo hice. Por eso te pedí que vinieras hoy. Necesitamos a alguien que
escriba para el periódico una serie de entrevistas. Entre Tom y yo, hemos
avanzado bastante con la lista. No sólo va a ser publicado en nuestro periódico
local, sino que va
a ser simultáneo y tu jefe estaba muy emocionado cuando le preguntamos por esta
historia. Sabor local, atraerá
turismo a la zona... En definitiva, creemos que va a hacer maravillas para el
área empresarial y atraerá a un mayor número de personas que en años
anteriores.
Irritaba,
un poco, saber que Tom había influenciado para ser escogida, pero era efecto
era muy bueno.
El
periódico local pagaba bien pero un artículo simultáneo conseguiría posicionar
su nombre. En realidad no era una oferta de la que poder pasar. Contuvo la
respuesta que quería dar y en su lugar dijo entre dientes―: Sería un honor hacer la entrevista, Juez.
―Pensé que te sentirías así. Tom, esta reunión es sobre todo de cosas
que hemos discutido ya. ¿Por qué no llevas a _____ aquí a tomar una taza de café, y
la introduces en qué hará para nosotros? Estoy seguro de que entre ambos,
conseguiréis esto que pueda quitar esto de la lista de comprobación.
―En ello estoy, Bob.
―Tom no tienes por qué…
El
juez cerró la puerta en su cara. Despedidos. Atrapada junto a Tom.
―En realidad, Tom quiere hacerlo. Voy a estar junto a ti en las
entrevistas. Bob y yo pensamos que iría bien y…
―¿Es esto una conspiración para hacerme hablar contigo? ―Ella pensó que era hora de llamar a las cosas por su nombre.
―Síp. Autorizado por tu jefe y el ayuntamiento. ―Parecía satisfecho de sí mismo.
―Eso es jodidamente solapado, Tom.
Sonrió.
―Lo sé. Todo vale en el amor y la guerra.
―¿Qué estamos planeando?
Su
sonrisa sólo parecía crecer. ―Cualquiera que implique gritar mi
nombre, querida.
Se
preguntó si se acordaba de que hablar en ese lento, arrastrar de palabras
interminable era como agitar una bandera verde en sus partes femeninas... todos
sus sistemas listos.
Empujando
su pecho con un dedo, lo miró a los ojos tentadores, negándose a reconocer la
forma en que su voz ronca le hacía un nudo en el estómago en necesidad. ―Esto no va a funcionar.
―Ya veremos. ―La atrapó contra su cuerpo y mantuvo apretada entre sus brazos incluso cuando
ella se movía tratando a medias de liberarse, él sonrió―. Siempre parece que funciona malditamente bien para mí.
Con
eso, posó su boca sobre la de ella y esta se perdió en el sabor de él.
Cuando
la soltó, jadeó, una mano todavía ahuecando su rostro, y trató de recordar qué
habían estado hablando.
Cuando
finalmente lo hizo, ella le golpeó el pecho, sin perturbar en lo más mínimo su
sonrisa de suficiencia.
―Sólo negocios, no diversión en negocios.
―Voy a seguir con ya veremos. ―Y se alejó de su siseo. El
bastardo.
―Tengo café. Vamos. ―Conduciendo a Carnie dentro,
_____ posicionó las dos bolsas de supermercado que llevaba. Deslizándolas sobre
la encimera, se quedó paralizada cuando Carnie chilló.
―¿Estás bien? ―Se volvió y vio a su mejor amiga mirando, boquiabierta, hacia su mesa de
comedor.
―¿Por qué hay un gran ramo de globos de condones en tu mesa?
_____
sintió agolparse toda su sangre en su cabeza. Al ver la brillante tarjeta
blanca del inquietante arreglo, recogiéndola antes que Carnie. ―Está bien, ha ido demasiado lejos.
―¿Tom? ―Carnie empujó uno de los globos que se tambaleó, balanceando su
punta flexible.
―¿Quién si no?
―Entonces es... ¿una sugerencia de que puede utilizar una gran
cantidad de condones? ¿Qué diablos pasa con esto exactamente?
Carnie
se rió.
Al
abrir la tarjeta, _____ escaneo las pocas palabras escritas a mano.
Como ya te dije antes, todavía no.
Amor, T.
Dejando
caer la tarjeta, suspiró, con los recuerdos golpeándola en cascada. Carnie la
recogió y luego la agitó.
―¿Todavía no? Hay una historia aquí. Una que no he oído.
―Es una estupidez. Es por eso que no la has escuchado.
Agarrando
un refresco, Carnie se dejó caer. ―No hagas café.
Cuéntame la historia.
Dejándose
caer en otra silla, Abigail empujo uno de los globos. ―Todo empezó cuando éramos niños.
______
nunca planeó estar nerviosa por ello. Su primera vez, planeada durante meses
hasta la habitación del hotel, no debería ser estresante.
Tomando
un refresco, ella miraba por la ventana en el estacionamiento. Lluvia empapó
todo, haciendo que las luces tuvieran halos. Pensar en halos cuando estaba a
punto de participar en una noche de pecado con su novio no estaba ayudando a
sus nervios.
―Nadie sabe que estamos aquí. No sabes qué estás buscando. ―La voz de Tom
crepitaba sobre su piel.
―Sólo viendo la lluvia.
―Si estás tan nerviosa como yo, no tienes que ocultarte en la
ventana. No creo que pueda hacerlo justo ahora si te quitas la ropa y empiezas
a bailar alrededor de la habitación. Estoy muy asustado.
Riendo,
ella se volvió hacia él. ―¿Estás nervioso? Pensé que los hombres no se ponían nerviosos.
Además, ¿no se supone que al menos debes comportarte como si supieras lo que
estás haciendo?
Se
arrastró hacia la cama y se sentó junto a él. Se quedó tumbado sobre su espalda,
sin camisa, su bronceado dorado oscuro contrataba sobre las sábanas blancas.
Con una sonrisa juguetona, él cogió un mechón de su cabello alrededor de su
dedo. ―Sin mentiras. Ese ha sido siempre nuestro lema. Soy un manojo de
nervios. Todo
lo que tienes que hacer es tumbarte y disfrutar. ¿Yo? Se supone que debo rendir
excepcionalmente, privar de tu castidad a todos los demás hombres, y de otra
manera dejar mi huella sin eyacular antes de tiempo. Sí, sin presiones.
―Ninguna. ―Ella se echó a reír―. ¿Qué pasa si lo dejamos como está, y si no conseguimos hacemos
nada, no? Creo que estamos presionándonos demasiado nosotros mismos.
Sus
labios trazaron un camino por su cuello, encontrando el lugar detrás de la
oreja que le encantaba cuando él besaba.
―Me parece bien. Si sólo estamos tonteando, ¿debería molestarme con
el condón?
―Es necesario. Más seguro. Sólo por si acaso.
Su
boca encontró la de ella y por un momento se perdió en la sensación, su sabor.
Últimamente, parecía que no podía tener suficiente de él, incluso el sonido de
su voz hacia que su aliento corriera. Rompiendo el beso, él le sonrió. ―Podríamos utilizarlos como globos de fantasía.
Riendo,
ella le mordió el hombro, feliz de que se hubiera quitado la camisa antes de
echarse para que pudiera probar su piel. ―No puedo creer
que recuerdes eso.
―Por supuesto que sí. ¿La mirada en el rostro de mi padre cuando nos
encontró jugando con los "globos" que encontramos? Y lo mejor que pudo
decir fue: ―No juegues con mis globos de fantasía. ―Mirando
hacia atrás, fue muy muy divertido.
―¿Teníamos cuánto? ¿Seis o siete años? No teníamos ni idea de que nos
estábamos riendo.
―Nope. Globos de gran durabilidad sin embargo. El tipo de globos
regulares que arruinó todo para nosotros, creo, que para el resto de infancia. ―Agarrando un condón, rasgó el paquete y sacó el anillo de goma
pequeña―. Por lo tanto, un globo de fantasía. ¿Alguna idea de cómo se supone
que debo hacer esto exactamente?
―Uh, no. Pensé que podrías saber de eso un poco. ―______ lo tocó―. Es suave, por lo
menos. Los recuerdo más polvoriento.
―Cariño, es la única cosa suave. Acostado aquí contigo me tiene duro
como una roca. Resulta que estaba equivocado con todo el asunto de presión y
estropear esa parte. ―Él jugueteó con el disco de goma.
―¿Tenemos que hacerlo soplarlo por primera vez?
Descomprimiendo
los vaqueros, Tom los bajó y liberó su polla. ―No lo sé.
No es algo sobre lo que en realidad pueda preguntar a los chicos.
―Dámelo. Voy a tratar de ponerlo. ―Él se lo pasó,
pero ella decidió
que jugar con él podría ser algo más divertido que ponerle la goma. Acariciando
con sus dedos arriba y abajo de su longitud, le gustaba mirar sus músculos del
estómago apretando y oyéndolo contener el aliento. Tener este tipo de poder
siempre le daba un poco de emoción. Se inclinó y le besó la punta antes de
lamer y burlarse de él. Pasando sus dedos a través de sus bolas, ella sintió
que se contraían y le dio un largo chupar a lo largo de su longitud.
―_____, no vamos a necesitar el condón, si sigues así. ―Su voz se quebró, sin aliento.
Sonriendo
hacia él, trató de deslizarlo. Lo consiguió a medias antes de que saliera
disparado de nuevo hacia fuera.
―Ops.
Su
risa retumbó en su oído, ya que su cabeza estaba muy cerca de su pecho. ―Resulta que, a pesar de que hemos practicado todo lo demás, esta parte
nos podría tomar un poco tiempo averiguar.
Recuperándolo,
ella lo intentó de nuevo. ―Cuando tenga la edad
suficiente, voy a tomar la píldora o algo para que no tengamos que hacer esto.
―______.
―¿Sí?
―La idea de
estar dentro de tu cuerpo, sin nada entre nosotros, no ayuda al hecho de que
estoy duro como una roca y tus dedos me están haciendo querer venir.
―Oh, lo siento.
―Esto no está funcionando.
Frunció
el ceño hacia él, vio cómo él tomó el condón de nuevo, deshaciendo los
preciosos centímetros que ella había ganado.
―Casi lo tenía.
Soplándolo
como un globo, lo ató. ―Sí, pero podría haber un agujero en él. Jugueteamos mucho con esto. ―Él le dio un
golpecito en la cabeza de su globo de fantasía recién hecho antes de dejarlo
salir disparado a través del cuarto.
―Oh.
―Ven aquí.
—Sus labios se estrellaron contra ella, sus cálidos dedos y muy tentadores se deslizaban bajo su camisa―. Necesitas estar un poco más desnuda.
Después de unos
breves momentos, la tenía en ropa interior, y su respiración estaba
entrecortada. ―Espera ―dijo.
Oyó una rasgadura.
Cerrando los ojos, se enfrentó en una nueva ola de nervios.
―Lo tengo. ―Se volvió y levantó la mirada hacia él,
desnudo, excepto por la goma.
Los músculos
brillaban por el sudor de la pasión y bronceado de cortar el césped durante
todo el verano, se veían casi demasiado sexy. Amarlo era algo que había estado
haciendo durante todo el tiempo que podía recordar, pero esto, estar con él
como una novia, todavía sentía tan fresco y nuevo. ―Así que, supongo que ya sabes lo que hay
que hacer desde aquí.
―Creo que ya se
nos ocurrirá algo juntos. Tanto si sabemos lo que estamos haciendo o no,
nuestros cuerpos saben lo que quieren. ―Sus
palabras, pronunciadas en un susurro a pesar de que estaban solos, la hicieron
temblar toda su piel. Ella lo quería.
Ella estaba lista.
Había esperado por este momento —ellos habían esperado— querer hacerlo bien.
Ella no podía imaginar estar con nadie más así.
Una vez más, la
besó, y ella hundió los dedos en su cabello. Sus manos parecían tocarla por
todas partes a la vez. Ella tenía hambre de él, y había esperado durante tanto
tiempo. Pronto, estuvo contra él y la sensación de la longitud de su cuerpo,
moviéndose sobre la de ella, piel deslizándose contra piel…
De repente él rodó
sobre su espalda, jadeando y muy quieto. ―No
me toques, ______. Estoy bien, Tengo el control, pero te quiero realmente
mucho. Dame un minuto.
Trató de pensar
más allá de las necesidades que tenían cada nervio de su propio cuerpo
hipersensible. ―¿Por qué no
puedo tocarte?
―Tengo miedo de hacerte daño.
Tomando tu virginidad. No estoy seguro de que pueda hacerlo.
―Está bien, voy a tomar la
tuya.
Ella misma
rodando, se sumergió en él, sintiendo sólo una pequeña resistencia de su propio
cuerpo mientras lo aceptaba. Sobre todo se sentía lleno. Le llevó un momento,
ajustarlo, para conseguirlo todo dentro, pero ella lo manejo mientras el yacía,
respirando muy fuerte y agarrando las sábanas, con los nudillos blancos.
Después de
un momento de adaptarse a la sensación, se las arregló para dejar salir—: De
momento esa parte está hecha. ―No fue incómodo, no
exactamente. Era casi agradable. Dolió un poco, pero...
Cuando él se
echó a reír, casi se salió, inundada de vergüenza.
Entonces él
cogió sus caderas con sus manos, manteniéndola en su posición.
Apretando
sus caderas hacia arriba lentamente, con un pequeño giro había recostado su
cabeza hacia atrás mientras calor chispeaba a través de su cuerpo, él
respondió: ―No todavía.
Se sentía
tan bien, tan nuevo, tan demasiado, un gemido encrespado de su garganta.
―Mierda, _____, te sientes tan
bien. Tan justo. ―Otro balance de sus caderas y
comenzó a moverse con él.
Apoyando las
manos sobre su pecho, ella levantó sus caderas mientras él se retiraba,
reuniéndose a mitad de camino. El placer ondulando de ahí, de ese movimiento,
hizo sus dedos curvarse.
―Más rápido, ―susurró. Él le dio la vuelta, pasando por encima de ella como
un conquistador, y obedeció.
Cuando
terminó, se quedó jadeando, a su lado. Una de sus manos estaba en su cabello,
sosteniendo la cabeza, el otro sobre su cadera, agarrándola cerca. ―¿_____?
―¿Sí?
―Todavía me gusta jugar contigo
a los globos de fantasía.
Le explicó a
Carnie casi todo —desde lo más tonto, lo dulce, que el sexo la dejó sin
aliento— y luego miró hacía todos los recuerdos empacados en un ramo de globos
de goma de fantasía. ―Entonces, es por eso que me
envió un ramo de condones.
Carnie
parecía un poco emocionada. ―Es una historia muy dulce.
Encogiéndose
de hombros, ______ atizó un globo, viéndolo caer, tratando de recordar que ya
no era esa chica. ―Más o menos. Pero nosotros ya no somos unos niños. Eso fue
hace mucho tiempo.
Carnie
se rió entre dientes. ―Al
parecer, no hace tanto tiempo ya que ninguno de los dos se olvidó.
CAPITULO
# 8.-*
04 de junio de 2012
______,
Anoche soñé contigo. Era nuestro día de
boda y llevabas ese vestido blanco que me recordaba al glaseado del pastel.
Estabas toda burbujeante y te veías lo suficientemente dulce para lamerte.
Parecía raro, de alguna manera, pensar en lamerte con todo ese blanco
inmaculado encima, pero era en eso en lo que estaba pensando.
Viniste por el pasillo, dijimos
"Sí" y lo hice. Nos casamos.
Entonces el sueño saltó y estaba sentado
en un sofá, viendo un partido. Había una niña que se acercó a mí y me entregó
un juguete. Lo tomé, recogí a la niña. Era tan linda. Tenía mi cabello y tus
ojos, y se sentía tan natural abrazarla. Sabía su nombre, en el sueño. Era
Autumn, porque había nacido en otoño.
Era nuestra.
Viniste caminando hacia la sala, tomaste
a la niña, me besaste y te fuiste. Volví a mirar el juego. Era muy cómodo.
Después de un tiempo, regresaste. Supongo que pusiste a Autumn en la cama, y te
acurrucaste en mi regazo.
Discutimos por el mando a distancia y
colocamos una de esas comedias románticas, ya sabes, ¿por las que siempre
discutíamos y luego terminaba disfrutando? Y te abrazaba, vimos la película y
fue estupendo. Me sentí en paz y más contento de lo que me he sentido desde que
me fui de casa.
Me desperté, me di vuelta y no estabas
allí.
Me pregunto si nuestra vida habría sido
así. Parecía tan temible cuando pensé en ello a los veinte años, pero ahora...
No pareció ni la mitad de mal.
¿Alguna vez te preguntas, _____? ¿Acerca
de lo que podría haber sido?
Te amo,
Tom.
Lo consideraba una campaña militar. Un
asalto a sus sentidos.
Ella
podría ser capaz de hacer caso omiso de las cartas, de acuerdo. Pero no le
permitiría ignorarlo.
Recordaba
cómo presionar sus teclas. Antes, cuando eran adolescentes en celo, se lo
hacían el uno al otro por diversión. Ella sabía cómo estimular sus sentidos con
sus faldas cortas, incluso lo de ir sin bragas cuando él se lo había pedido...
Oh, esa película fue un infierno. Su falta de ropa interior era todo en lo él
que podía pensar.
Ahora
los dos estaban en una danza complicada por el control. Ella conocía sus puntos
críticos y él sabía los suyos. Comenzó con las entrevistas. Desde el puente
cubierto más corto hasta el más largo, pensó en una larga lista de personas.
Tardó horas buscando en Internet, pero Bob le dio el visto bueno a todo lo que
se le ocurrió así que ______ estaba atada a él.
Reuniéndose
con él en el ayuntamiento, pudo decir que ella planeaba mantenerlo todo
extremadamente como en un negocio. Ella había aceptado su oferta informal de
conducir, ya que se estaban dirigiendo hacia en medio de la nada para hablar
con Pauline Sabatina, una de las residentes más antiguas del condado, ex alumna
y maestra en una de las primeras escuelas de la zona. No encendió la radio, en
lugar de eso bajó las ventanillas de su camioneta, contento con el silencio.
______ volvió el rostro hacia el viento, haciendo caso omiso de la arena que
sus ruedas expulsaban del camino de grava, su cabello volando alrededor de su
rostro. Con ella en el lado del pasajero de su camioneta, los recuerdos de su
mano en la suya atravesaban su mente, y no pudo borrar por completo la sonrisa
de su rostro.
Su
presencia era como un destello, imposible de apagar ya que cada una de sus
terminaciones nerviosas parecía consciente de ella. Navegando por la muy
crecida maleza y los hoyos en el camino de entrada, Tom estacionó una vez que
llegaron a la pequeña y deteriorado choza como casa. Llegó a su lado antes de
que ella se las hubiera arreglado para salir del vehículo, hurgando en su
tableta y teléfono móvil antes de que se volviera para verlo. Abrió la puerta y
le ofreció una mano, que ella ignoró y se apeó por sus propios medios.
Su
pie aterrizó en el fango y se hundió hasta la mitad de la pantorrilla. Su jadeo
quedó ahogado por su risa. —Iba a ayudarte... —Cubrió su sonrisa con la mano y
se alejó de ella, pero ella lo golpeó en el brazo y él miró atrás—. Oye, si el
zapato estuviera en el pie de otro, te reirías.
—Cállate
—se quejó, pero sus labios se torcieron, y un poco de la incómoda tensión que
llevaba como una capa desapareció.
—¿Tom
Kaulitz? ¿Eres tú? —La voz desde el porche estaba tan maltrecha como la descolorida
madera de la casa.
Volviéndose de nuevo, Tom ayudó a ______ a
liberarse del barro mientras respondía—Sí, señora Sabatina, soy yo. He traído a
_____ conmigo y vamos a subir en un segundo.
—Hice
un poco de té. Vamos, entra.
Escrutando
los escalones con cautela, Tom tuvo el gusto de encontrar mantuvieron su peso,
incluso si gemían en señal de protesta. Siguiendo el camino que la anciana
utilizaba, abrió la puerta sólo para detenerse cuando _____ gimió.
—No
puedo entrar —hizo un gesto a su pie—. ¡Sra. Sabatina! Di un paso en el barro y
si entro, voy a dejar un rastro de huellas.
—Dije
que entraran, chicos —La mujer gritó las palabras desde algún lugar de la casa.
—No
estoy seguro de que ella pueda oír muy bien —Empujando el brazo de ______, Tom
le hizo señas con la cabeza para que se moviera al interior—. Voy a decírselo.
Tal vez venga a hablar con nosotros aquí.
______
asintió, así que él se encontró con la señora Sabatina y le transmitió la
información. Unos momentos después de hablar con ella, Tom se dio cuenta de que
no podía escuchar ni la mitad de lo que dijo, lo cual tuvo sentido cuando ella
se explicó—: Perdí mi audífono. Vas a tener que hablar alto, muchacho.
Pasando
su lengua por los dientes, él reflexionó sobre la oportunidad y decidió bromear
un poco con esta. —Sí, señora —le gritó.
Una
vez que la jarra de té, los vasos helados y la anciana fueron transferidos con
seguridad de vuelta al porche, Tom se reclinó sobre los codos desde su lugar,
demasiado cerca de _____ en los escalones. —Sra. Sabatina, cuéntenos un poco
cómo fueron los primeros días de la escuela.
La
anciana comenzó a recitar historias acerca de su primer maestro y la falda que
su madre le cosió para la escuela, y él mientras jugueteaba con un mechón
suelto del cabello de _____. De vez en cuando, ella le apartaba su mano... pero
no se desanimó. Después de unos momentos de que ella estuviera garabateando en
la pantalla con su lápiz, él se inclinó para susurrarle—: ¿Sabes que hay un
pato ciego3, a unos treinta metros en el bosque a la izquierda? Podríamos
escabullirnos, tú y yo, familiarizarnos a fondo. Nadie lo sabría nunca.
Las
mejillas de ______ se colorearon de rojo intenso y su boca se abrió. Su mirada
se disparó de él a la anciana dos veces antes de lograr concentrarse de nuevo
en la entrevista y empezar a garabatear notas.
—¿Sabes
cómo te gusta que mordisquee ese pequeño lugar detrás de tu oreja? Podría
empezar con eso. Luego arrastraría besos por tu cuello mientras mis manos
estarían llenas de esos hermosos pechos tuyos...
3 Pato : Es un refugio, a menudo camuflado con juncos y
pastos, para
ocultar los cazadores de
patos
Una vez más, su
cabeza se levantó. La anciana no se detuvo ni un segundo en su narración.
—Así que en ese
entonces, había un área de bosques más allá de la calle Satin, donde se está
construyendo las viviendas ahora. Cuando éramos niños nos escondíamos fuera...
—¡Tom! —siseó
_____—. Ella está justo ahí.
—No puede oír ni
una palabra de lo que estoy diciendo —miró atrás, y la mujer tomó un sorbo de
su té antes de continuar hablándoles acerca de cómo los niños iban al teatro
para ver una película cuando llegaba el fin de semana.
—¿Cómo lo sabes?
—______ cubrió sus labios con la mano antes de susurrarlo.
—Perdió su
audífono —le sonrió antes de reclamar el fascinante rizo de cabello con el que
había estado jugando—. Así que puedo decir lo bonitos que se ven tus senos a la
luz de la luna y cómo tus besos me vuelven loco y ella no puede oír ni una
palabra de eso.
—Eres malo
—susurró ella, pero no alejó la mano de su cabello.
—Te gusta
—Echándose hacia atrás, él dejó que el sol calentara su piel, mientras ______l
hacia un par de preguntas más y garabateaba. De pronto, ella tocó su brazo y él
se dio cuenta de que debió haberse quedado dormido.
—Despierta, bello
durmiente. Dile adiós a la señora Sabatina.
Parpadeando
rápido, se estiró y bostezó antes subir trotando los dos escalones para agarrar
la jarra y vasos de la anciana. —Yo llevo estos, señora.
—Bonitos modales
—Ella se echó a reír y él la siguió dentro de la pequeña y desordenada casa.
Olía a una mezcla de bolas de naftalina, polvo y gato, y arrugó la nariz ante
la combinación, pero guardó sus pensamientos para sí mismo. Cuando llegó a la
cocina, lavó la jarra y los vasos antes de volverse hacia la señora Sabatina de
nuevo.
—Muchas gracias
por recibirnos, señora.
—No hay problema.
La próxima vez que traigas a una dama a mi casa, sin embargo, muchacho, cuidarás
tu lenguaje apropiadamente con ella.
______ acababa de
entrar en la cocina detrás de la señora Sabatina y rápidamente dio un paso atrás
en torno a la esquina. Tom no dudó ni por un segundo en que ella se quedó sin
embargo y espió desde allí. —Sí, señora.
Aclarando su
garganta, hizo un gesto con el paño de cocina. —¿Usted podía oírme?
Con una sonrisa,
como campanas de viento de madera resonando juntas, la anciana tocó su brazo
con su mano muy suave y seca. —No, muchacho. Te lo dije, perdí el audífono. Sin
embargo, puedo leer los labios. Fui maestra, sabes.
Asintiendo con la cabeza, él se disculpó por su
comportamiento antes de encaminarse en busca de ______, quien ya se había
metido en la camioneta y se estaba riendo mucho.
—¿Crees que
esto es gracioso? —le preguntó—. Acabo de hablar acerca de tus tetas delante de
una mujer que tiene que tener por lo menos mil años de edad.
Sus palabras
no frenaron su risa y las lágrimas se escabulleron por las comisuras de sus
ojos. —Me estás matando aquí. La mirada en tu rostro cuando ella te regañó...
no tiene precio.
La vista de
ella, tan real y llena de alegría, provocó algo y no pudo resistir el
inclinarse más cerca, hasta que sus narices apenas se rozaban. —Y yo aquí
tratando de ser sexy...
Dejó que la
frase colgara hacia la nada, disfrutando de la pasión que despertó en su mirada
y la forma en que lentamente ella lamió sus labios carnosos. —Sí, bueno…
Ella tragó
saliva y él se acercó más aún, capturando esos labios con los suyos. Sólo una
vez que su respiración se aceleró, y sus dedos se aferraron a su camisa, él
retrocedió lo suficiente para sonreírle. —¿Decías?
—No recuerdo
—confesó ella y se recostó en su asiento.
Siguieron
con más entrevistas, y utilizó a cada momento para tratar de hacerla recordar
los sentimientos que una vez habían compartido. Eran las pequeñas cosas en
realidad. Rozar su brazo contra el de ella para verla temblar mientras hablaba
con alguien. Ella todavía sentía algo. Inclinarse en su espacio para echar un
vistazo a lo que estaba escribiendo, acercarse lo suficiente para olerla y
escuchar su aliento quedar atrapado. Tocar sus dedos mientras ella alcanza su
teléfono.
Detrás de
ella en el mostrador de rosquillas, él se inclinó, como si mirara los pasteles.
Dejó que su
aliento agitara sólo el cabello por encima de su oreja. Cuando ella comenzó a
moverse, deslizó su lengua para tocar el punto dulce detrás de su lóbulo, el
grupo de nervios que sabía que la hacían estremecerse.
En sintonía
con ella, atrapó el suave suspiro, la forma en que aceleró su pulso en el
cuello mientras se volvía hacia él. —Tom.
—_____.
¿Encontraste algo que te guste?
Se quedó en
su espacio personal. Inclinándose hacia el mostrador para que su cadera rozara
la de ella.
—Eh, yo...
—Creo que te
gustarían los éclairs.
—¿Tú crees?
—Sus cejas se levantaron y su mano ondeó. Era como si no estuviera segura de si
quería alejarlo o acercarlo más.
—Síp.
Relleno de crema.
Ella se atragantó con una carcajada, mirándolo. —Y
el premio al comentario espeluznante del año es para...
Él se
inclinó de nuevo. —El chocolate libera las mismas endorfinas en el cerebro que
el sexo. Dado que no estamos teniendo nada de sexo, voy a pedir algo con
chocolate. Pero no te preocupes. Prometo pensar en ti.
—Eso no fue
menos espeluznante —dijo ella, pero seguía sonriendo.
Sus manos
temblorosas decidieron una ubicación. Ella apoyó una en su pecho.
—¿Qué vas a
pedir?
—Dos pueden
jugar a este juego, sabes —Sus dedos se cerraron en su camisa, las puntas
enterradas en su pecho.
—¿Qué juego,
______?
—Estás
tratando de hacerme perder el equilibrio
—No…
—Inclinándose rápido, la subió y bajó, ocasionando que chillara y se agarrara a
él de forma más segura.
—Así te hago
yo perder el equilibrio.
Un pequeño
jadeo y luego ella apretó sus labios. —No voy a responder.
Pero sus
dedos se deslizaron hasta su cuello, acariciando su cabello.
—¿Es que no
lo has decidido aún o estás en conflicto con eso?
—En
conflicto. Te lo he dicho, no vamos a discutir asuntos personales. Sólo
negocios.
Tirando
de ella de nuevo hasta dejarla en una posición segura, sonrió y se volvió para
alejarse. Por encima de su hombro lanzó—: Resuelve tu conflicto.
HOLA!!! BUENO AQUI ESTAN LOS CAPITULOS DEL DIA ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO .. HASTA LUEGO :))
Me esta encantando la historiaaa
ResponderEliminarSigue porfisss
Me gusto eso de globos de fantasias!
ResponderEliminarLa señora lo escucho a Tom.
Me encantaa. Siguelaa :)
Sube pronto
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