martes, 22 de diciembre de 2015

.- runaway (huir).- # 3 y # 4

CAPITULO # 3.-*
9 de Julio de 2007

_______,
No me has respondido. Lo sé, fui un idiota. Lo entiendo. ¿Pero no crees que eres un poquito rencorosa al recibir esas cartas mías durante todos estos años y no responder ni una sola? Estaba seguro de que al menos enviarías algo cuando el tío Frankie murió o me responderías cuando tu abuela murió, pero no fue así, ¿ni una maldita palabra todo este largo tiempo?
Lo entiendo. Hui. Soy el imbécil aquí. Pero tú y yo éramos amigos, ¿desde hace cuantos años?
No voy a escribirte de nuevo. Lo sé, lo he dicho antes y he cedido porque echo de menos a mi mejor amiga, pero en realidad  _____, esto es estúpido. Al parecer. Nunca te dije lo que significabas para mí.
Si alguna vez dejas de estar tan envarada y te tomas un momento para contestarme, quiero que sepas esto: aun te amo, a pesar de que soy una especie de lastre para ti y que estás alargando esto más de lo que pensé harías.
Con amor, T.

_____ bebía demasiado.
Ella reconocía eso, pero gracias a los efectos sedantes del alcohol, ella reconoció de su estado no era alarmante. Esa era una risa digna.
Al principio, ella tomo un sorbo de vino blanco que alguien le ofreció, porque no quería pensar, no quería centrarse en el hecho de que en algún lugar, entre los cuerpos dando vueltas, Tom acechaba.
Una vez descorchada ella terminó su Corona y disfrutó de la bruma. Dando unos tragos más, seguido de algunos Jell-O1... En realidad no trataba de recordar todo.

1 Jell-O: Es una especie de gelatina con alcohol (vodka) que suele prepararse en las fiestas

Tropezó en su camino de regreso al inodoro portátil y se dio cuenta que tal vez no estaba borracha… ya había llegado.  
Lo cual era divertido como el infierno. Ahogándose con su risa, busco a Carnie, y se alejó del fuego y entro a los árboles, en algún lugar de volver a la fiesta. Esto dio inicio de un poco más de fuertes carcajadas. En serio. Ni siquiera podía ir en la dirección correcta ya.
Una mano tocó su brazo. —¿A dónde vas, ______?
El uso de su apodo y su olor la golpeó todo a la misma vez. Su estómago se anudó y se tambaleó peligrosamente por un momento, el aterrador mareo y, en lugar de contestar, se concentró en no dejar salir la bebida por donde había entrado.
—¿Estás borracha?
Golpeando su mano, lo miró a los ojos. Segura que no era miedo con una neblina de alcohol entre ellos. Pero él estaba condenadamente bueno. Sabroso como un pastel de manzana y quería un bocado.
Imbécil.
—No es tu asunto tuyo, hijo de puta. —Ella movió un dedo hacia él—. Si tienes pelotas, Sr. Boda maravilloso tonto del culo. ¿Cómo te atreves a acecharme cuando estoy dando un perfecto y agradable paseo?
Él sonrió. —Sí, estás borracha. Vamos. Tenía la esperanza de que pudiéramos hablar, pero puedo encontrar un lugar seguro donde puedas dormir cerca…
Su mano sobre su brazo la hizo enfadar. Aporreándolo otra vez, lo empujo del pecho, levantando su rostro para que pudiera ver que hablaba en serio.
—No quiero dormir. Tampoco quiero que me digas que hacer. No tienes derecho, ¡ningún derecho! ¿Entiendes?
—Dulces labios, la mitad del pueblo puede oírte. Estas gritando. —Su sonrisa no se desvaneció en lo más mínimo y ahora ambas manos ahuecaban sus codos. Él no tomaba la indirecta en absoluto.
—No me llames así. Me dejaste. Cabrón.
—Dices muchas palabrotas cuando estas borracha, ¿lo sabías? —Sus manos recorrían sus brazos, medio manteniéndola en su lugar, medio dándole un masaje relajante.
—No sabes lo que hago. Me dejaste. Durante años. Sin decir una palabra.
Las lágrimas amenazaron y se odiaba por ello. No iba a derramar más lágrimas por Tom Kaulitz, no señor.
Apoyó su frente contra la suya. —Estaré encantado de explicarte. Volví a casa para hacer precisamente eso, pero debemos esperar hasta que estés lo suficientemente sobria como para recordar lo que tengo que decirte.
Ella trató de darle un puñetazo.  
Atrapó su puño como si fuera un superhéroe, moviéndose más rápido de lo que sus borrachos ojos podían ver. Ella lanzó un segundo golpe contra él. Atrapó este otro también. Así que ella lo intentó con un rodillazo en sus pelotas.
Lo único que logró golpear fue su equilibro. Se las arregló para atraparla y rodó por debajo de ella mientras caían.
Ella continuó su intento de asalto hasta que él se puso encima y la inmovilizó en el suelo con su cuerpo, con sus manos como brazaletes sobres sus muñecas.
—Déjame, levantar. —pidió, sin aliento tratando de no notar lo perfecto que sentía, su peso presionado contra ella.
—Tan pronto, como dejes de tratar de patearme el culo, estaré feliz de hacerlo. ¿Terminaste?
Sus ojos, incluso en su estado de embriaguez, no se veían enojados. Y tan cerca de él podía sentir que no estaba muy contento de estar allí.
Si ella conocía a los hombres un poco, diría que estaba un poco excitado de estar sobre ella.
—Te lo mereces, ya sabes. Por lo que me hiciste. Te lo ganaste y…
Y sus palabras fueron tragadas por su boca.
El movimiento fue tan inesperado, tan impactante, que se quedó inmóvil con su boca presionada contra la suya.
Y entonces empezó a deslizar sus labios contra los de ella y se ahogó en él. Su olor, su sabor, el roce de su cuerpo contra el suyo…
Un gemido se oyó en la oscuridad y le llevó un momento darse cuenta que se le escapó de su propia garganta.
Ya no le sujetaba las muñecas, porque sus manos están llenas con su cabello, su oscuro cabello, y sus piernas enroscadas a sus caderas. Su boca la dibujaba desde su boca hasta su mandíbula, mientras sus manos corrían por su carne. Se arqueó contra él, otro gemido se unió al primero.
—Todavía te quiero. Todavía te quiero tanto, mi ______. —Sus palabras fueron como agua helada salpicando a sus embravecidas hormonas. ¿Cómo se atreve? No sólo la había dejado en el altar como un pedazo de mierda y no llamó ni siquiera para hacerle saber que estaba vivo, ¿además quería aprovecharse de ella mientras estaba borracha? Las alarmas para cretinos gritaron en su cabeza.
Pero cuando sus dedos ahuecaron su calor, las alarmas se apagaron muy rápido. Su cuerpo quería lo que él le estaba haciendo. Su mente se negaba a caer en esa trampa.
Tenía que detenerlo y rápido.
—Sí, bueno, el sexo contigo seria genial y todo, pero ambos sabemos que no voy a tener la oportunidad de correrme antes de que dispares tu carga. —Se las arregló para salir de su pantalón.
Él se levantó por encima de ella, con su expresión confusa esbozándose en el cielo nocturno. Un incómodo momento pasó cuando estaba segura que podía verla con claridad, pero lo único que podía ver fue lo que su sombra formaba. Ella no quería nada más en ese momento, que la capacidad de retirar las palabras que colgaban en el aire entre ellos como algo vivo que nunca hubieran dicho.
—Tienes razón, por supuesto. Nunca te he tratado como te mereces, no en ese entonces. Lo siento, _____.
Ella no quería entrar en una discusión sobre la eyaculación precoz con el ex que la había dejado plantada el día de su boda. Pero tenía que eliminar la tentación de él. Borracha no tenía defensas contra sus fantasías con él, las sensaciones, a excepción de las palabras que ella podría lanzarle como cuchillos. —Tampoco ha cambiado nada. Sigues todavía atascado en lo tú que quieres, lo que tú necesitas, déjame en paz, Tom.
Encontró las dagas verbales en la parte muerta de su frio corazón. La parte aplastada. Estaban llenas de ira, heridas por sus declaraciones y puesto que él había sido su mejor amigo, sabía que eran una mierda. Una vez que estuvieran fuera, no podía devolverlas aun cuando la culpa se apoderara de ella.
Pero el hecho de conocer a alguien realmente bien era que también sabias que decir para hacerle daño. La púa dio en el blanco y se levantó en un segundo, tirando de ella en el proceso.
Cuando habló, su voz era cortante y distante. —Bien, si así es como va a ser, está bien. Pero tenemos que hablar. Incluso si estás demasiado borracha para escuchar ahora mismo, todavía quiero hacerlo tarde o temprano.
—Todavía quieres, ¿eh? —Tirando de su brazo para liberarlo de sus garras, tropezó hacia un lado—. ¿Qué te parece esto? No quiero hablar contigo, Tom.
—Sí, bueno después del montón de mierda ha pasado yo no querría tampoco.
Con eso, se fue dejándola sola con su amargura para su consuelo. De nuevo.

CAPITULO # 4.-*
7 de Febrero de 2010
______
Feliz cumpleaños. Llamé a mi padre la semana pasada y me dijo que estás comprometida. Felicitaciones por eso. Siempre creí, cuando éramos niños, que si no terminábamos casados entonces por lo menos, yo estaría allí en tu día especial. Dado que todavía no has respondido ninguna de mis cartas, supongo que no voy a recibir una invitación. Te diré que te deseo lo mejor.
No, a la mierda eso. Realmente no lo dije en serio y nunca te he mentido. ¿Por qué diablos iba a empezar ahora? Tengo la esperanza de que fracase. Una parte de mí todavía nos ve juntos algún día. Sí, hilarante, lo sé. Casi me casé, que, ¿dos veces? Y tenemos casi treinta años. Es difícil creer eso. Pero cualquier edad por encima de los veinticinco son casi treinta años, tú solías decirlo. De todos modos, sí, espero que seas feliz, pero no quiero que estés con otro hombre. No puedo ser amable con ese hombre. Imaginar que alguien más te toque me da ganas de hacerle tragar su polla. Probablemente sea bueno que no tenga planes de volver a casa en cualquier momento pronto, ¿eh?
Bueno, lo importante de esta carta no era insultar a tu prometido, no importa lo divertido que sea para mí. Era para decirte feliz cumpleaños, felicidades y, bueno, como siempre... te amo, ______.
Escríbeme, maldita sea.
T.

Fuego candente explotó a través de sus párpados cuando trató de curiosear sus recuerdos limpiamente separándolos. Un millar de elefantes danzaban golpeando en el espacio entre sus orejas y su boca sabía cómo si alguien hubiera utilizado su lengua para limpiar orinales.
Los adultos racionales no deberían ser tan estúpidos como para emborracharse fuera de sus cabales. Entonces de nuevo, Tom la hizo sentir mucho menos que racional.
Culparlo le dio poco consuelo cuando se enfrentó a las enfermizas espirales de náuseas y el latido pulsante de paquidermos en su cerebro. Incluso su cabello dolía.
Logrando rodar fuera de su cama y ponerse tambaleante sobre sus pies, ______ se dirigió al baño para lavarse el sabor a orina de su boca y salpicar agua fría en su rostro. Una vez hecho esto, se dirigió escaleras abajo... lentamente.
Preparó la cafetera, sus dedos bailando con impaciencia sobre la encimera mientras se hacía. Café. Necesitaba café.
El sonido del repiqueteo de su timbre de entrada era como una daga al rojo vivo apuñalando a través de su oreja y cabeza, donde los elefantes se separaron para hacer hueco al dolor extra.
Agarrando sus sienes en defensa, hizo una carrera tambaleante hacia la puerta con la esperanza de abrir antes a quien quiera que fuera tocara el maldito timbre de nuevo. Ese alguien resultó ser peor que la resaca, y se veía fresco, guapo y tan limpio como un anuncio de Abercrombie y Fitch2. Tom sostenía un puñado de margaritas de Shasta y una caja de espuma de polietileno.

2 Abercrombie y Fitch: compañía de moda estadounidense. La marca A&F se enfoca en ropa informal para consumidores entre las edades de 18 y 22 años .

Golpeó la puerta cerrándola en su lugar y se tambaleó de nuevo hacia la cocina.
La puerta se abrió detrás de ella. Lo ignoró.
Café.
La cafetera preparó lo suficiente como para llenar una taza. Ella lo vertió rápidamente y empujó la jarra en su lugar antes de que el café pudiera gotear sobre su mostrador. Añadiendo tres cucharadas colmadas de azúcar y leche, lo removió ligeramente antes de soplar y sorber. Ese primer bocado de la salvación líquida era mejor que un orgasmo.
Hablando de orgasmos, él no se había ido.
Tom apoyó la cadera en el mostrador, mirándola adorar su bebida caliente. Todavía sostenía las flores y la caja blanca.
¿Qué quieres? Su voz sonó áspera y desgastada. Hacía juego sin duda con su loco cabello y sus ojos aún dolientes muy bien.
Recuerdo que tu cura de resaca involucraba un desayuno grasiento de huevos y tocino. Pensé que te traería la cura y algunas flores para compensarte por lo de anoche.
Esa era la cura de mi resaca cuando ni siquiera tenía veinte. Ahora que soy vieja, prefiero el café y mucha cantidad. El tocino olía realmente bien.
Tú no eres vieja.
Bufó, tomó la caja y no hizo caso de las flores para abrirla. Él no le había mentido.
Dentro estaba su cura favorita para la resaca, humeante, y sin duda recogido de su restaurante favorito de camino aquí. Estúpido hombre considerado.
Hay cosas de las que tenemos que hablar.
Sus palabras suaves penetraron la neblina de lujuria que el tocino estaba librando, y se encontró con sus ojos claros dolidos. ¿De qué hay que hablar?
Por qué me fui. Lo que significa. Él se pasó una mano por su cabello. No quiero lastimarte más de lo que ya lo hice, _____.
¿En serio? Una década tarde, ¿no? Ella frunció el ceño—. ¿Cómo puedes lastimarme más?
¿Podemos tener una conversación civilizada como un par de adultos?
No estoy en condiciones de hablar contigo en este momento. Estás perdiendo el tiempo. Ella frunció el ceño ante el tocino antes de levantar la vista.
Su expresión cabizbaja no debería haberla perturbado. Él asintió con la cabeza. Sí, debí haberme dado cuenta. Se volvió para irse.
Miró el tocino y se pasó la lengua por los dientes. La curiosidad picándola, ponderada por la culpa.
Bien, hablaremos, pero no ahora. Más tarde, ¿a la una en punto, en Point Park?
Su asentimiento y sonrisa rápida hicieron bailar mariposas con un pequeño contoneo en su estómago. Las ignoró y frunció el ceño a cambio. Pero por ahora... Tú. Fuera. —Señaló hacia la parte delantera de la casa.
Sin decir una palabra, la dejó y a las radiantes margaritas de Shasta sobre el mostrador mientras lo hacía. Tomando más café, suspiró. Las cosas dulces de Tom Kaulitz no eran suficiente, nunca podrían ser suficiente, para compensarla por dejarla botada en el altar...
Sin embargo, él recordó, después de todos estos años, su cura para la resaca.
Sobria, con solo un leve dolor de cabeza aferrándose para recordarle lo de anoche, ______ caminó hasta Point Park durante una hora. Un almuerzo, improvisado por su asado favorito de marisco, colocado en un recipiente de espuma de polietileno sin tocar a su lado mientras ella encontraba un lugar en el césped con vistas al puente de elevación en el Point. El lugar estaba repleto de recuerdos de Tom, como de la sensación de seguridad en sus brazos mientras hablaban sobre el futuro.
Planeaban salir de este pueblo de mala muerte, de ver el mundo. Su mejor amigo de la infancia, el niño con el que comía barro, que le enseñó a trepar a los árboles, que interpretó a su primer amante en esos recuerdos.
Se tragó la calidez de su pasado, recordándose que él había visto el mundo y ella había permanecido atrás, a la sombra de su marcha.
Ningún otro hombre llenó el hueco que el arrancó de su corazón.  
La última vez que la besó en esta colina fue la noche antes de la boda, cuando se fue a su despedida de soltero.
Toda esa noche, había permanecido en su cama, sin poder dormir. La inquietud sobre lo que estaban haciendo, lo que el futuro les depararía, la mantuvieron dando vueltas. Se había graduado de la universidad de la comunidad a principios de ese verano, y tenía una vida llena de posibilidades.
Los nervios cansados habían anudado su estómago mientras conducía con su madre hacia la iglesia. Poniéndose su vestido, arreglando su cabello y maquillaje... todo ello parecía tardar una eternidad. Para siempre captar la gravedad de los votos que diría, los cambios que traerían.
Conociendo la larga caminata por el pasillo avecinándose a corta distancia
Toda su vida hasta ese momento pasó ante sus ojos, mientras que otros se metieron tras el velo.
Y entonces descubrió que no estaba en el otro extremo de la iglesia, esperándola. Al principio había sido terror, lo suficientemente espeso como para obstruir su garganta. El miedo intenso la inmovilizó dejándole un sabor amargo en la boca.
Algo le había pasado.
Dos días llenos de ese terror. Algunos de sus amigos eran padres y le habían dicho que la pérdida de sus hijos, incluso un momento en un zoológico o algo parecido, era horrible. Vivió en ese estado de pánico durante dos días.
Entonces, después que había presentado una denuncia por desaparición, su localizador estuvo sin respuesta, y nadie sabía nada...
Había intentado hablar con sus padres. Parecía tan lógico en ese momento. Había entrado en la tienda de herramientas, hasta el hombre que iba a ser su suegro, y le preguntó si había oído algo de Tom.
Hasta el día de hoy, recordaba la humillación de esa tarde.
Puta. Hija de una mujer loca. ¿De verdad esperabas que fuera a llegar hasta el final?
Las palabras del Sr. Kaulitz dolieron, pero sabía, sabía que estaba equivocado. Tom la amaba.
Finalmente, había ido a su apartamento, donde él le había hecho el amor tantas veces, y buscó alguna pista... sin importarle si se metía en problemas por allanamiento de morada o lo que fuera.
A diferencia de todos los demás que miraron, vio la verdad de inmediato. Las cosas que más le importaban no estaban allí. Debía haberlas empacado.
Ese conocimiento, que nada le había pasado a él, que empacó y se fue por voluntad propia, y no se lo dijo... Todo el miedo y el pánico transformado en menos de cinco minutos en rabia que cargaba hasta hoy.  
Una delgada línea marcó la diferencia entre el amor y el odio, y ella lo había odiado durante tanto tiempo. El conocimiento no era cómodo.
Una camioneta plateada se detuvo, rompiendo el silencio en la colina. Él era tan predecible, con su caminar de chico de campo, anchos hombros alimentados de maíz, pelo con trenzas oscuras y sonrientes ojos ambar. Sus vaqueros estaban deteriorados en los lugares adecuados, usados suficientemente apretados que una chica tenía que tener un pie en la tumba no querer desgarrarlos. Debería estar penado, de verdad, el verse tan comestible, estar tan condenadamente bueno, y sin embargo ser tan patán.
Abrió su almuerzo, encontrándolo ya no caliente, pero se imaginó que le daría algo que hacer aparte de mirarlo. Él se dejó caer sobre la hierba y se echó hacia atrás en sus brazos musculosos, bronceados para mirar hacia abajo, hacia el puente a través de sus gafas de sol.
Deseó haber pensado en usar gafas de sol para ocultar su propia expresión de él. Mejor ocultar que mostrarle que su corazón lo extrañaba, que su cuerpo burbujeaba para él, porque estaba malditamente segura de no involucrarse con él de nuevo.


HOLA!!! AQUI ESTAN LOS SIGUIENTES CAPITULOS .. 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA .. HASTA PRONTO Y GRACIAS POR COMENTAR :))

4 comentarios: